América, Política

Las protestas de los ciudadanos se extienden por todo Brasil

A pesar de que los políticos brasileños han echado marcha atrás, y han anulado la posible subida en el precio del transporte, las manifestaciones continúan en las calles de Brasil. Los ciudadanos se quejan por los excesivos gastos en eventos internacionales y el poco dinero invertido en la propia sociedad brasileña. La paz se ha terminado en las protestas, como por ejemplo un grupo de jóvenes que ha intentado invadir la sede del ayuntamiento.


La protesta que comenzó hace algo más de una semana en Brasil, ya se ha convertido en la mayor de los últimos 20 años en el país. Según informa tve, las manifestaciones han reunido a  65.000 personas en Sao Paulo, 100.000 en Río, 15.000 en Portoalegre, 20.000 en Belo Horizonte.

Los políticos, como era de prever, se han convertido en el blanco de los manifestantes. La presidenta Dilma Rousseff (PT), los gobernadores Geraldo Alckmin (PSDB-SP) y Sérgio Cabral (PMDB-RJ) y el alcalde de São Paulo, Fernando Haddad (PT), han sido criticados en las mayores protestas.
 
Después de las manifestaciones árabes, el movimiento 15M en España, o la revuelta del parque Gezi en Turquía, ahora es el turno de los jóvenes brasileños, que han salido a la calle a protestar por la subida de 20 céntimos en el transporte público. Como todos los casos anteriores, el medio de convocatoria ha sido a través de las redes sociales.
 
Después de nueve días de protestas, las autoridades de Río de Janeiro y São Paulo anunciaron ayer que anularán la subida del precio en el transporte. Ambos alcaldes se han unido a la decisión que ya tomaron el lunes los de Porto Alegre, Blumenau, Recife, Cuiabá y João Pessoa, según informa El País.
 
Según recoge rtve,  el Movimiento Passe Livre, creado en 2005, recoge en su página que  “El transporte es un servicio público esencial, derecho fundamental que asegura el acceso de las personas a los demás derechos como, por ejemplo, la salud y la educación”.
La polémica de los gastos deportivos
 
Aunque el origen de estas revueltas era la subida del precio del transporte, es sabido que existe un gran malestar en la sociedad brasileña. “El brasileño pasa la mitad de la vida pagando impuestos. Y la otra mitad en la cola, esperando ser atendido por los servicios que pagó”, declara al diario O Globo  el estudiante de Belo Horizonte Arther Henrique.
 
A esto se suma el dinero que han invertido en los acontecimientos internacionales que Brasil recogerá en 2016. Estos días Brasil alberga la Copa Confederaciones de fútbol; en julio, el Papa participará en la Jornada Mundial de la Juventud en Río; en 2014 se celebrará la Copa del Mundo y en 2016 los Juegos Olímpicos. “Peleamos por esta tontería de dinero que se gastó para mostrar los nuevos estadios para todo el mundo, mientras lo que necesita el país es más inversión en salud y educación”, explica Mariana Godois, de 19 años, en declaraciones a Efe.
 
Las protestas no son tan pacíficas
 
Según informa el diario brasileño Folha de S.Paulo, algunos manifestantes han intentado invadir la sede del ayuntamiento, en el centro de la capital, en una nueva y violenta protesta, que culminó con ataques a la prensa, vandalismo y tiendas saqueadas.
 
Los protagonistas fueron un grupo de punks y anarquistas que atacaron el edificio, después de ser cercado por miles de manifestantes, que venían de la plaza de Sé. En la concentración, a las 17h, la protesta reunía 50.000 personas, según Datafolha.
 
Brasil tiene la tarifa de transporte público más cara del mundo
Según publica hoy el periódico La Vanguardia, Brasil es el país del mundo con mayor precio en el transporte público. El motivo es que se necesitan cerca de 13 minutos de trabajo para pagar un billete de autobús. Este es un precio elevado para lo que gana un trabajador normal en Brasil que es de cerca de 260 euros mensuales.
 
La mayor parte de la clase media brasileña no sólo toma un autobús o un único metro diario, sino que la media está en más de cuatro viajes al día por persona. Incluso hay personas que se levantan a las tres de la madrugada para poder llegar a las ocho a su trabajo en una ciudad como Sao Paulo.

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