Crece la impresión general de que estas elecciones municipales y autonómicas, que apuran los últimos días de la tópica campaña, trascienden de su propio ámbito territorial para convertirse en el inevitable vestíbulo de un desafío electoral superior.
Santi Lucas
Crece la impresión general de que estas elecciones municipales y autonómicas, que apuran los últimos días de la tópica campaña, trascienden de su propio ámbito territorial para convertirse en el inevitable vestíbulo de un desafío electoral superior. El protagonismo que han tomado en la campaña los dos principales dirigentes del PSOE y del PP, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, en un agotador periplo por toda la geografía española, y los temas nacionales que ocupan tanto sus intervenciones como la actualidad informativa, abonan la tesis y ofrecen una imagen de confrontación política completa y descarnada entre el Gobierno y la oposición bajo el paraguas circunstancial de los comicios locales.
Será porque quien gana las elecciones municipales obtiene el triunfo después en las generales (salvo en el año 1995 que ganó el PSOE y perdió las legislativas un año más tarde), será porque el futuro del presidente del Gobierno se ha vinculado estrechamente a estos resultados y a la suerte de algunos candidatos, será porque los programas municipales se han desleído en favor de polémicas de una gran repercusión pública e interés general, será porque el Partido Popular aprovecha las debilidades de su adversario para golpear sobre el clavo más ardiente, será por lo que sea pero el 27 de mayo los españoles ventilan algo más que la elección de sus regidores locales y gobiernos autonómicos.
En el año 2003, el PSOE ganó al PP por 124.000 votos y el PP sumó 400 concejales más que el PSOE. Un margen muy estrecho entre ambos partidos que mantiene en vilo ahora mismo el desenlace. Lo que es seguro es que el próximo domingo no se acaba la campaña electoral, es más, esto no ha hecho más que empezar.
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