Ante la extrema gravedad de la situación argentina, la Iglesia Católica acaba de publicar un documento que ha sido, con razón, considerado como uno de los más duros de los emitidos durante la peculiar “era kirchnerista”. Crítico y duro, pero oportuno.
La Argentina es, ciertamente, un país predominantemente católico. No obstante, lo cierto es que no siempre la palabra de la Iglesia Católica es escuchada, ni respetada. No obstante, la voz de los obispos resuena con frecuencia. Particularmente cuando la sociedad argentina enfrenta problemas serios. Esto ocurre porque las cuestiones sociales tienen proyecciones morales y religiosas y por esa razón entran inevitablemente en la esfera de competencia de la Iglesia Católica, que asume un compromiso que entiende como competencia indeclinable.
La Iglesia Católica argentina no simpatiza, para nada, con el discurso de los Kirchner. Los Kirchner, a su vez, no la escucharon nunca. En rigor, su visión social poco y nada tiene que ver con la de la Iglesia Católica.
Pero lo cierto es que, de alguna manera, le temen. Cada aniversario de la independencia argentina, la tradición supone que, entre los diversos actos conmemorativos, los máximos gobernantes acudan a un Te Deum en la Catedral de Buenos Aires. Los Kirchner, obviamente para no tener que escuchar (desde el púlpito) al Cardenal Primado, el Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, siempre decidieron celebrar la efeméride patria mayor fuera de la ciudad de Buenos Aires, eligiendo cuidadosamente la sede de algún obispo menos directo que el Cardenal. Han huido, entonces, en actitud sin precedentes en nuestra historia. Como si ello fuera poco, cada vez que hay un acto público masivo kirchnerista en la Plaza de Mayo, las paredes de la Catedral amanecen, al día siguiente, pintadas con gruesos epítetos e insultos de todo tipo, como si ello fuera una suerte de ritual alimentado por las pasiones. Enfermizo, obviamente.
Ante la extrema gravedad de la situación argentina, la Iglesia Católica acaba de publicar un documento que ha sido, con razón, considerado como uno de los más duros de los emitidos durante la peculiar “era kirchnerista”. Crítico y duro, pero oportuno.
El mensaje de los obispos advierte -certeramente- a todos por igual que el país corre el riesgo de caer “en dos bandos irreconciliables”. De división y enfrentamientos, entonces. Lo que -para algunos- podría conducir a la violencia entre hermanos.
No es sorpresivo. Después de todo, los Kirchner dedicaron largos años -cual verdadero y obsesivo azote- a tratar de dividir, separar y enfrentar a los argentinos. Esto se ha hecho mediante una siembre -rigurosa y constante- de resentimientos y odios realizada desde lo más alto del poder. Sin perder oportunidad alguna para denostar, cuando no insultar, a quienes no comulgan con su particular “visión” de las cosas. Con su “discurso único”, el oficial para todos.
La palabra “reconciliación”, por lo demás, no está en su diccionario. Tampoco la palabra “respeto” y, mucho menos, la palabra “tolerancia”. Y la expresión “paz social”, les es absolutamente foránea, esto es totalmente desconocida. Les repele.
Sólo parecen creer, como otros, en la “lucha de clases”. Por esto se proclaman “transgresores”. De allí la calculada ausencia de modales. Y la total falta de cortesía. Por esto también los desplantes. Y la soberbia exasperada. Así como la quizás incomprensible actitud desafiante, siempre provocadora.
A pocos días ya de que se intente consumar el desmantelamiento del “Grupo Clarín”, un conjunto de medios que es crítico de los Kirchner, la Iglesia expresa su preocupación por los ataques y presiones que inhiben la libertad de expresión y por la peligrosísima falta de independencia del Poder Judicial, sumiso a los Kirchner, situación a la que califican de “particularmente delicada”.
A lo que suman un alerta muy especial frente a la llamada “intromisión partidista” en la educación, en referencia directa a la presencia de jóvenes kirchneristas en tareas de grosero y abierto adoctrinamiento realizadas por ellos en las escuelas primarias argentinas. A la manera de los regímenes que precipitaron al mundo a la Segunda Guerra Mundial
Finalmente, el documento de la Iglesia Católica se refiere también al tremendo “deterioro” de las “instituciones de la democracia y de la autonomía de los poderes del Estado, tanto en el orden nacional como provincial”. Por esto se convoca a todos -sin rodeos- a “la defensa del sistema republicano, representativo y federal” y a saldar “la deuda pendiente de la reconciliación”. Como alerta, clarísimo. Fundamental. Tanto para quienes vivimos en la Argentina, como para aquellos que, seguramente preocupados, sino atónitos, nos miran o siguen desde el exterior.
Ante la dura carta pastoral de la Iglesia Católica que hemos reseñado, el vicepresidente de la Nación y protegido de Cristina Fernández de Kirchner, fuertemente cuestionado por actos de corrupción, Amado Boudou, manifestó, muy suelto de cuerpo, que el documento de la Iglesia: “a nadie la importa”. Típico acto de arrogancia. Uno más. Lamentable.
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.