América, Economía y Sociedad

Berta Soler y el papa Francisco

En una audiencia pública dominical, en la propia Plaza de San Pedro, Francisco (que paseaba lentamente frente a una multitud que lo vivaba, como es habitual) se detuvo de pronto ante ella y le tomó las manos. Cuando -deslumbrada- Berta le explicó brevemente quien era, Francisco le dijo simplemente: “sigan adelante”.

Para muchos no cubanos, Berta Soler es una perfecta desconocida. Para los cubanos, no lo es. Para el régimen de los hermanos Castro, ella es en rigor -aunque pacífica- una temida enemiga. Como todos los que dicen la verdad acerca de que es lo que efectivamente sucede en la isla. Más allá de la retórica que siempre pretende disimularla.
 
Berta Soler era, hasta no hace mucho (con Laura Pollán, recientemente fallecida en un hospital cubano, en circunstancias que lucen bastante poco claras) una de las dos principales líderes de las “Damas de Blanco”. Hablamos de un corajudo grupo de mujeres que, desde el 2003, ataviadas rigurosamente de blanco, ha venido protestando regularmente contra el encarcelamiento, por las autoridades cubanas, de los presos de conciencia, cientos de los cuales están aún hoy encerrados en las cárceles cubanas. Por el delito de opinión, queda claro, que es uno de los más temidos por el duro régimen comunista de la isla.
 
Primero las “Damas de Blanco” lo hicieron con relación a sus propios maridos, detenidos. Cuando algunos de éstos fueron liberados y muchos prácticamente obligados a tener que exiliarse, la protesta siguió con relación a los centenares de detenidos que todavía hoy están en la misma triste condición en la que estuvieran sus esposos.
 
Las manifestaciones de las “Damas de Blanco” ocurren, domingo a domingo, en la Iglesia de Santa Rita, en La Habana Ritualmente. Después de participar allí en la Santa Misa, ellas salen ordenadamente, en columna, a protestar. En el más riguroso silencio. Contra el régimen y su terrible política de opresión de los disidentes.
 
Y, rigurosamente, son interceptadas, una y otra vez, por los grupos de matones de los Castro (casi siempre los mismos, que son profesionales de las golpizas) que les propinan toda suerte de castigos corporales, para luego obligarlas a subir en colectivos que llevan para ese propósito y ser abandonadas lejos de sus domicilios, en medio de la nada. Con sus lastimaduras, con sus roturas de huesos, con golpes, heridas y moretones de todo tipo a cuestas. Los que son -claro está- la consecuencia directa e inmediata de las feroces pateaduras que las “Damas de Blanco” reciben regularmente, pero que no las han amilanado nunca.
 
En verdad, el asesinato de Osvaldo Payá, el año pasado, parece haberlas llenado de renovado fervor en la defensa de las libertades civiles y políticas de sus connacionales, confiscadas por el régimen.
 
Berta, de contextura más bien gorda y de tez negra (retinta, más bien), pudo recientemente salir de Cuba gracias al tardío reconocimiento del régimen comunista de la libertad de tránsito a la que tienen derecho los cubanos. Después de medio siglo de vivir virtualmente encarcelados en su propia isla. Por vez primera Berta pudo asomarse al mundo.
 
Antes de regresar a su tierra, Berta, que es profundamente religiosa, quiso acercarse al nuevo Papa y recibir personalmente su bendición. A nuestro Papa Francisco. Por la esperanza que su discurso -directo y sencillo- ha suscitado en aquellos que sufren. También ciertamente entre las “Damas de Blanco”.
 
En una audiencia pública dominical, en la propia Plaza de San Pedro, Francisco (que paseaba lentamente frente a una multitud que lo vivaba, como es habitual) se detuvo de pronto ante ella y le tomó las manos. Cuando -deslumbrada- Berta le explicó brevemente quien era, Francisco le dijo simplemente: “sigan adelante”.
 
Un mensaje corto, pero certero. Que es expresión de reconocimiento al coraje y a la defensa de una causa justa: la de la lucha por las libertades esenciales de la persona humana, de aquellas sin las cuales el hombre es tratado como si fuera un animal más.
 
Gracias, Francisco. Sinceramente. Pero también gracias Berta, por una lucha valiente y despareja. Pero incansable, que es en verdad la misma de todos aquellos que creemos firmemente en que la persona humana debe ser siempre considerada y tratada como tal. Con respeto y con tolerancia. Lo que ciertamente no sucede en Cuba. Mary O’Grady (desde el Wall Street Journal) tiene razón; en más la bendición de Francisco la acompañará. Por el resto de sus días.
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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