Europa, Política

Boris Johnson tambalea, finalmente

“Los políticos tienen, en general, algunos denominadores comunes, distintos de los del “resto” de la gente”.

Se creen, con demasiada frecuencia, que están “por encima de los demás”, de los gobernados, entonces.

Entre nosotros, lo acaba de probar el horrendo escándalo de las vacunaciones VIP. Pero hay ejemplos evidentes de lo antedicho que aparecen hasta en la propia Inglaterra. La del patético Boris Johnson. Quien, con su claramente curioso “aspecto exterior” personal, pre anunciaba de alguna manera un final de mandato poco habitual, lo que ahora parece estar acercándose, más o menos rápidamente. Su “peinado”, convengamos es insólito. Me recuerda que alguna vez me animé a preguntarle a Carlos Menem cual era la razón de sus poco comunes “patillas”. Me respondió, suelto de cuerpo, para que todos identifiquen instantáneamente a un político que viene de una provincia muy pobre: La Rioja. “Para que se me conozca”, entonces, en muy pocas palabras.

Ocurre que, mientras sus conciudadanos estaban encerrados en sus casas para tratar de evitar que el COVID-19, como pandemia, se extendiera sin demasiadas barreras por Gran Bretaña , el primer ministro Johnson organizaba, muy campante, y asistía, a fiestas realizadas en su propio domicilio oficial, algo que a todos los demás les estaba estrictamente prohibido.

Para intentar disculpar su a todas luces condenable accionar, Boris Johnson acaba de explicar que: “nadie me dijo que beber en fiestas estaba en contra de las normas”.

Lo que supone que el primer ministro británico desconoce el viejo principio legal que, desde la época del Imperio Romano, nos dice claramente que: “Ignorantia juris non excusat”, esto es que el desconocimiento de la ley no sirve, nunca, de excusa.

Menos aún, naturalmente, para aquellos que tienen el máximo poder político en sus propias manos, como sucede evidentemente con los Jefes de Gobierno, como es el caso del “peculiar” Boris Johnson, precisamente.

Otro papelón se suma así a una larga lista de desaciertos protagonizados por Boris Johnson, cuyo prestigio está por el suelo, como era de esperar con sólo mirar su desaliñado y casi vergonzoso aspecto personal.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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