Santi Lucas
El presidente de la República de Portugal, Anibal Cavaco Silva, realiza en España la primera visita oficial al extranjero desde que tomara posesión de su cargo el pasado 9 de marzo y se convirtiera en el primer jefe de Estado de centro derecha de la democracia.
Cavaco está participando estos días en una nutrida agenda de actos públicos y contactos políticos y económicos dentro de nuestro país. La llave de oro de la ciudad de Madrid, el Collar de la Orden de Isabel la Católica o las medallas del Congreso de los Diputados y el Senado son algunas condecoraciones con las que se ha agasajado al mandatario portugués durante el intenso periplo institucional. Sus Majestades los Reyes, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, o el líder de la Oposición, Mariano Rajoy, han celebrado encuentros del mayor nivel y solemnidad con el presidente luso. Recordemos, además, que Portugal presidirá la Unión Europea, por tercera vez, en el segundo semestre del año 2007.
Las visitas a nuestro país de los dirigentes políticos internacionales, nada frecuentes por cierto desde la llegada al poder de Rodríguez Zapatero, se suelen rodear de adjetivos calificativos agudos y descripciones cordiales y entrañables. No ha sido una excepción esta vez. La “óptima” situación de las relaciones bilaterales entre España y Portugal, la “gran intensidad y pujanza” de la correspondencia entre ambos países, el “momento dulce”, la “sintonía perfecta”, etc, etc…, son expresiones literales y manidas que han resonado en todas las declaraciones.
Si el gobierno español tuviera alguna idea clara del papel de España en política exterior debería volver los ojos hacia Portugal con algo más que palabrería, cortesía y diplomacia pura. Portugal y España, más que amigos, vecinos y socios, deberían desempeñar un papel común, fraterno y cómplice en el futuro de Europa y en el orden internacional. Más que superados los viejos recelos históricos y remontada definitivamente la presunción que nos mantuvo distantes mucho tiempo atrás, es hora de multiplicar las influencias mutuas, estrechar de verdad los confines y sacar todo el provecho de una auténtica alianza.
Durante su alocución en el Congreso de los Diputados, Aníbal Cavaco, ha pronunciado unas palabras muy importantes y persuasivas, no en vano Cavaco tiene fama de ser un antídoto eficaz contra la languidez y el pesimismo. Dijo que hay que intentar sacar el máximo partido del inmenso potencial de oportunidades que encierran las relaciones de España y Portugal. ¿Le habrá oído alguien?









