La fortaleza de la política exterior española hace aguas con Zapatero, entre la indiferencia de las grandes naciones del mundo y el ninguneo del resto.
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Viernes, 13 de marzo 2026

La fortaleza de la política exterior española hace aguas con Zapatero, entre la indiferencia de las grandes naciones del mundo y el ninguneo del resto.
Santi Lucas
Mientras el presidente venezolano sigue ultrajando al Rey D. Juan Carlos, Zapatero mira hacia otro lado y la diplomacia española elude tomar alguna iniciativa enérgica frente la catarata de barbaridades proferidas por Hugo Chávez. La opinión pública española ha respaldado masivamente el gesto del Rey en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile pero no comprende la pasividad del Gobierno en esas mismas circunstancias.
La fortaleza de la política exterior española hace aguas con Zapatero, entre la indiferencia de las grandes naciones del mundo y el ninguneo del resto. Se ha retrocedido tanto y de una forma tan clamorosa en este terreno que sólo un giro copernicano puede enderezar la situación y devolver a España el respeto y la influencia que merecen su democracia y su proyección internacional. Consentir indolentemente que Chávez descalifique una y otra vez a nuestro Jefe del Estado o a los ex presidentes como Aznar es una equivocación estratégica que trasciende a los intereses políticos del Gobierno para implicar a los intereses del conjunto de los españoles igualmente afrentados.
El papel vicario de las autoridades españolas en el rescate de cuatro azafatas retenidas en Chad, la apatía y casi condescendencia con Marruecos ante su intolerable demanda sobre las Ciudades de Ceuta y Melilla y el aliento oficial a los regímenes menos recomendables de Iberoamérica han proporcionado en tan solo unos días la foto fija de una política exterior desastrosa e inconveniente que no ha hecho otra cosa durante esta legislatura que cotizar en el despropósito.
Los españoles merecemos un Gobierno que no se ponga de perfil cuando nos insultan o cuando nos atropellan en cualquier latitud y escenario. No es de recibo que la protesta del Rey D. Juan Carlos, que le está ocasionando una feroz campaña de ofensas por parte de Chávez, se quede en un acto aislado y sin la respuesta que su figura merece y con ella la de todos los españoles.
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