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Chile: Se complican los pronósticos electorales

Mientras se aproxima la elección presidencial uruguaya, ya inminente, los ojos de los analistas políticos de la región se concentran visiblemente sobre la elección presidencial chilena, que a estar a la evolución de la respectiva campaña electoral puede resultar mucho más compleja de lo previsto. Por lo pronto, según dicen las encuestas de opinión más recientes parece claro que nadie aparentemente se impondrá en la primera vuelta.

Una encuesta bien reciente del diario “La Tercera”, de Santiago de Chile, sugiere que Sebastián Piñera, el candidato del centro, el de la Coalición para el Cambio, puede imponerse en la primera vuelta, con el 39% de los votos.
El oficialismo, como desde hace rato se anticipa (pese a la excelente imagen con la que Michelle Bachelet se acerca al cierre de su moderada gestión), perdería en la primera vuelta. Pero llegaría, sorprendentemente, tercero. Esto desde que los pronósticos anticipan que el diputado del ex Partido Socialista, Marco Enriquez Ominami, llegaría segundo, con el 24% de los sufragios. El ex Presidente Eduardo Frei, que está realmente más aburrido que nunca, sólo recoge ahora un escuálido 20% de adhesiones. Un verdadero desastre para la coalición de gobierno está en puertas, entonces.
 
Pero las cosas no son nítidas. Para nada.
 
Porque cuando se analizan más profundamente los escenarios de la casi segura segunda vuelta electoral, Piñera, cuando se mide contra Frei, el hombre de la Concertación, ganaría por 9 puntos. Pese a lo cual, no obstante, cuando se lo compara con el joven Marco Enriquez Ominami, Piñera aún se impone, pero en una situación de verdadero “empate técnico”, bien apta para sorpresas. Se impone, en este segundo caso, por apenas un 44% de votos, contra un 43% para el ascendente Enriquez Ominami.
 
Una distancia reducida, es obvio, que podría quizás ampliarse algo en favor de Sebastián Piñera, porque la encuesta es fundamentalmente urbana y el joven socialista carece de popularidad en los ambientes rurales, que aglutinan al 20% del total de votos del país. Al menos, todavía. Pero la campaña del joven líder socialista no es apta para cardíacos y puede generar alguna sorpresa adicional.
 
A diferencia de Frei, que podría mejorar un poco su posición según el resultado de la encuesta de La Tercera, desde que el oficialismo es bastante más fuerte en el campo chileno.
 
            Las encuestas sugieren además que, en una segunda vuelta, unos dos tercios de quienes dicen que votarán a Frei en la primera vuelta, irían para el caudal de Marco Enríquez Ominami. Lo sustancial, entonces, lo que presagia un final de aquellos a los que – en lenguaje turfístico- se suele llamar de “bandera verde”, apretado como pocas veces.
 
            Preguntados los chilenos acerca de quien creen ellos será su próximo Presidente, el 54% se pronuncia a favor de Piñera. Un 27% dice, en cambio, que supone que ganará Frei. Y apenas un 10% de los chilenos manifiesta creer en el posible triunfo de Marco Enríquez Ominami. Una “señal” que suele ser poderosa, pese a la estrechez de las cifras que, en rigor, anticipan -como queda visto- una paridad realmente fenomenal cuando llegue la hora de sufragar.
 
            Las mujeres son quienes se inclinan más claramente a favor de Piñera. Un 41% de ellas. Contra un 36% de los varones, que siempre suelen ser bastante menos transparentes cuando se les pregunta sobre el futuro.
 
            Una elección, la chilena, que luce para alquilar balcones. Por todo lo que significa. No solamente para Chile. También para la región.
 
Si en Uruguay gana Lacalle y en Chile Piñera, los alaridos y desplantes de Hugo Chávez perderían sonoridad frente a la experiencia y serenidad de los dos líderes del centro. Si a ello luego se agregan los resultados de Brasil, en el 2010 y Argentina, en el 2011, en los que previsiblemente la candidata de “Lula” no se impondrá y los Kirchner verán el final de su lamentable ciclo, los vientos de la región serán distintos.
 
Pese a que es casi imposible que Evo Morales, en diciembre, pueda perder posiciones. Más bien las ganará, con un calendario, normas electorales y una distribución de votantes que han sido manipulados -descarada y abiertamente- desde el poder (especialmente en Pando, donde podría ganar el MAS, mediante el simple (y tramposo) expediente de llevar población trasplantada desde Potosí hasta Pando y hacerla votar allí), no puede, en verdad, perder.
 
Pero el cambio de viento puede ocurrir, pese a este último “detalle”. Veremos como sigue esta historia, por el momento apasionante por el suspenso y las incógnitas que transmite.
 
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. 

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