Política

China, despreciando la libertad, censura Internet

Según Emilio Cárdenas, el intento del gobierno argentino de controlar las comunicaciones y mensajes de los ciudadanos se ha convertido en realidad en otras partes del mundo, donde los políticos de turno controlan los sitios y la información a los que los habitantes pueden tener acceso.

POLITICA INTERNACIONAL
Mientras estaba en el exterior fui –de pronto– sorprendido por una noticia
realmente gravísima que sugería que las autoridades argentinas habían decidido
censurar –entre otras muchas– a las comunicaciones de todos sus habitantes por
Internet.

Sí, aquellas que nuestros jueces acaban de declarar protegidas
por el “derecho a la intimidad” que presuntamente tenemos.

Al escucharla,
no pude salir fácilmente de mi asombro. Aunque la “veta” totalitaria de algunos
es bien notoria. Hasta que leí que, los mismos que habían prohijado y
estructurado la norma, habían decidido luego hacer marcha atrás, después de leer
las encuestas de opinión, seguramente, que para algunos presumiblemente valen
más que la libertad misma.

Me volvió entonces el alma al cuerpo, aunque
no puedo dejar de pensar –por la magnitud de lo sucedido, que no puede ni
minimizarse, ni olvidarse– que ahora lo intentarán hacer igual, de alguna otra
subrepticia manera.

Censurando a Internet

Por esto me parece
oportuno hacer saber a nuestros lectores que, en China, país obviamente poderoso
pero no democrático que –por ello–no respeta ni los derechos humanos, ni las
libertades civiles de sus ciudadanos, la censura es una realidad cotidiana.


El gobierno de China –temeroso de que las ideas democráticas lleguen a
su tierra por Internet, on-line entonces– atento a que no cree ni en la libertad
de prensa, ni tampoco en la libertad de opinión, censura diariamente –y de modo
sistemático– este tipo de comunicaciones.

Para esto bloquea
permanentemente aquellos sitios que contienen o publican información relativa a
temas “sensibles”, tales como la independencia de Taiwán, o las comunicaciones
del grupo Falun Gong, al que persigue y teme visiblemente, o lo que sucediera en
1989 en la plaza de Tiananmen, o lo que opina el Dalai Lama o toda crítica que
en el momento aparezca “molesta”. No sólo eso, también bloquea algunas palabras
en los buscadores, como “libertad”, y exige a los cybercafés que mantengan
siempre constancias escritas de cuáles son las páginas de la red que todos sus
respectivos clientes consultan.

Tecnología de punta

En rigor,
opera el sistema tecnológicamente más sofisticado de censura y espionaje de
comunicaciones que existe en el mundo de hoy.

Pese a que unos 100
millones de chinos utilizan la red, la mitad de los cuales lo hace por conductos
de alta velocidad y banda ancha. Digo esto, no sin cierto temor de que algunos
esmerados alumnos argentinos aparezcan rápidamente por allí, como fruto quizás
de algún acuerdo bilateral de “asesoramiento” o “intercambio de tecnología”, en
busca de un “modelo”. Es obvio entonces que –contra lo que cree la mayoría de la
gente– las comunicaciones por Internet no son ciertamente “seguras”. Para
censurarlas o infiltrarlas se utilizan los llamados “filtros” o “bloqueadores”
que, conforme sugiere la experiencia china, se colocan y ponen a operar en las
redes troncales que manejan el tráfico.

Se trata sustancialmente de la
misma tecnología que hoy se utiliza en Occidente para filtrar o bloquear los
llamados “gusanos” y “virus”. Porque ella es efectivamente capaz de distinguir e
identificar “contenidos”. Ya ha habido acusaciones abiertas dirigidas hacia
Cisco y Google, en el sentido de que ambas habrían suministrado los equipos y
técnicas que utiliza el gobierno chino para censurar a sus ciudadanos. Ambas
empresas, cabe apuntar, han negado expresamente que esto sea efectivamente
así.

Una organización al servicio de la censura

Aparentemente, hay
en la actualidad once diferentes “reparticiones” gubernamentales chinas que
están encargadas de poner en operación a esta antidemocrática “tarea”, con unos
30.000 funcionarios y empleados en sus plantillas de personal.

Como cabía
esperar, la censura apunta principalmente hacia aquellos sitios que operan con
escritura con caracteres chinos y es bastante menos intensa en aquellos otros
que contienen, en cambio, mensajes o información que se pone a disposición del
público en idiomas extranjeros, incluyendo el inglés, lo que sugiere en
consecuencia que los “tapones” chinos, pese a todo, tienen también sus
filtraciones. ¡Aleluya!

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