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Contradicciones para un disparate

Tal vez, se trata de elegir lo que más convenga en cada caso. La teoría, para ponerse dignos antes el atropello, la práctica, para atropellar sin teorías.

Estaba dándole vueltas a la forma de opinar en este “Palique” sobre el mal periodismo, sobre las noticias falsas, las insinuaciones tramposas, los disparates informativos y el peor estilo, a propósito de una barbaridad difundida en la “Cuatro”, cuando me he topado con este editorial de “El País”, primo hermano del canal televisivo, que me parece sumamente esclarecedor, oportuno, sincero y con el que no puedo estar más de acuerdo: “Mal camino tomarían los medios si se convierten en meros difusores de lo que digan otros, sin pasarlo por el tamiz de su disciplina profesional, que es ante todo la de la comprobación de la exactitud de los hechos; o si sus juicios sobre las persones responden a ideas preconcebidas o a un mero afán sensacionalista”. ¡Eureka!
 
Si en la misma familia periodística se piensa una cosa y se practica la contraria hay una contradicción notable que se debería aclarar. Si la comprobación de la exactitud de los hechos le parece fundamental al medio escrito y una bagatela para el medio audiovisual, la incoherencia entre ambos es manifiesta. Si la ligereza a la hora de medir las consecuencias de lo que se dice o escribe es la prueba del desastre para la profesión periodística, como también se afirma en otra parte del mismo editorial, y es precisamente esa ligereza la que inspira a su familiar televisivo, volvemos a chocar con una monumental discrepancia.
 
Tal vez, se trata de elegir lo que más convenga en cada caso. La teoría, para ponerse dignos antes el atropello, la práctica, para atropellar sin teorías. De las dos cosas hay una lista interminable de pruebas. No se evita la contradicción, como no disminuye el disparate.

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