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Cuando digo adiós quiero decir hola

:cuanto más desapego se invoca más interés subyace; cuanta mayor indiferencia se demuestra más empeño existe

Hay gente tan calada que cuando dice una cosa hay que interpretar justo lo contrario. Rubalcaba dice que se quiere ir del gobierno cuanto antes, que está recorriendo los últimos metros de su larga carrera política, que no aspira a nada y que está de vuelta de cualquier ambición después de estar tantos años en el machito. Pues bien, una parte importante de los analistas políticos ha leído estas declaraciones en el sentido completamente inverso al literal. Que dónde va a ir que mejor esté, que no le importaría suceder a Zapatero, que se encuentra pletórico para afrontar cualquier reto de futuro, que piensa en todo menos en jubilarse. ¿En qué quedamos?
 
Con esa manía de no hablar clara y sinceramente, de no decir lo que se piensa realmente, de no desvelar nunca las auténticas intenciones, que tienen muchos de nuestros políticos la gente se despista, pero la mayoría de las veces no cae en la trampa. Sabemos ya, más o menos, el código de traducción que hay que aplicar: cuanto más desapego se invoca más interés subyace; cuanta mayor indiferencia se demuestra más empeño existe. La clave es que siempre se disimulen las apetencias personales y políticas.
 
Este recurso a escamotear los verdaderos propósitos tiene la ventaja de poder asumir el enésimo sacrificio, si la jugada sale bien, o retirarse de una vez por todas haciendo mutis por el foro, cumpliendo el anuncio aireado previamente, si le toman a uno la palabra.

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