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Cumpleaños feliz

Tirón de orejas a los amigos y también a los malos momentos, a las frustraciones y las penas.

Hace unos días he estrenado el comienzo del resto de mi vida. Arropado en un entorno cordial y solazado, en el Levante luminoso, pujante y hospitalario, colmado de atenciones y esplendidez, cumplí años, brincando sin afectación ni congoja el más que improbable ecuador de una existencia aferrada a este mundo que sueño con prorrogar lúcidamente durante mucho tiempo.
 
Lo pasé pipa, de buten, fetén, genial, guay, chachi lerele. Fue una velada deliciosa sobre la media noche y una jornada de trajín telefónico y más zambra todavía. En fin, un día completo e inolvidable que escoltó generosamente el buen tiempo y la mejor compañía.
 
Viene todo esto a cuento de que en el quilombo de acontecimientos tenebrosos e inquietantes que nos circundan a diario, el valor de lo más sencillo, de una celebración personal o de cualquier cita afortunadamente evocadora nos lleva a poner en valor algunas cosas importantes y relegadas, tapadas por un sinfín de calamidades amenazantes, ocultas entre la maraña de odiseas y desventuras, disimuladas por el artificio de tantas relaciones.
 
Si queremos sobrevivir al agobio cotidiano, volvamos a ser felices en el más clásico y reconfortante sentido de la palabra. Adelantemos un paso la satisfacción compartida, el optimismo consciente y resuelto, la campechana y espontánea acepción de lo entrañable, algo que nunca defrauda ni escamotea a los mejores sentimientos. Festejemos cada día como se merece. No hace falta complicarse la vida más de lo que sea imprescindible. Tirón de orejas a los amigos y también a los malos momentos, a las frustraciones y las penas.

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