aunque no lo parezca, tenemos un problema de paro colosal, morrocotudo
Oigo a Félix Madero en “Punto Radio” que si ponemos a todos los parados españoles uno detrás de otro la fila llegaría de aquí a Roma. Ignoro la base científica de semejante cálculo, pero no me suena nada exagerada y sí plástica la conjetura. Lo de alinear a los parados puede servir para ponerles rostro y nombre propio, para darles el espacio vital, aunque sea mínimo, que merecen sus circunstancias, para hacerles sensiblemente visibles y reivindicar un remedio a su situación.
De aquí a Roma habría que correr a gorrazos a los que no resuelven el problema. Porque, aunque no lo parezca, tenemos un problema de paro colosal, morrocotudo. Un problema que sigue aumentando cada mes, entre los mismos bálsamos narcóticos, coloretes y afeites oficiales. Un inmenso drama al que el Gobierno de Zapatero es incapaz de enfrentarse. Lo tratan de ocultar, maquillar, delinear al gusto, pero la hilera es interminable, casi, casi, como de aquí a Roma.
Estoy hasta la coronilla de oír quién es el pescadero de la mujer de Matas, la marca de esquís de Bárcenas y los créditos de Fabra. No sabemos nada, sin embargo, de cómo arreglar el paro, de cómo contener la sangría escalofriante de personas que dejan de ser libres y autónomas para engrosar la abultada y creciente nómina de súbditos auxiliados y sometidos. Lo dicho: a gorrazos.
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