Nada nos garantiza, sin embargo, que tras la alarma venga la calma.
Dice con mucha gracia mi amigo José Luis que sólo el gobierno de Zapatero es capaz de militarizar al Ejército. El estado de alarma en el que estamos prorrogados hasta mediados del mes de enero ha llevado a nuestras Fuerzas Armadas a ocupar las torres de control de los aeropuertos para procurar que no se desmanden los agentes de la movilidad aérea. Nunca antes en España se recurrió a esta iniciativa excepcional frente a ningún problema. Opina Llamazares, para oponerse a la medida, que el gobierno “no puede nombrar cónsul a su caballo”.
Nada nos garantiza, sin embargo, que tras la alarma venga la calma y no se repitan sorpresivamente las mismas o parecidas calamidades sufridas por los viajeros el 3 de diciembre y siguientes. La única certeza es que Gobierno ha demostrado su impotencia para resolver el bochinche laboral con los controladores y ha acreditado una nefasta falta de previsión prolongada durante años. Como ha señalado la portavoz del Grupo Popular, a estas alturas el Gobierno ha perdido la capacidad, la autoridad y el tiempo, para resolver este conflicto dentro de la normalidad constitucional.
“El Gobierno pretende transformar por la vía del decreto lo posible en inevitable, porque intenta fundamentar esta prórroga no en un hecho concreto que afecta al Estado, sino en un juicio hipotético que interesa al Gobierno” dice Saénz de Santamaría. “Nos obligan una y otra vez a escoger entre lo malo y lo peor, y siempre a costa de la normalidad democrática”.
Lo dicho, el Ejército militarizado, el Gobierno alarmado y el resto de los ciudadanos literalmente acojo…
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