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El que fue a Sevilla ganó su silla

es una oportunidad para recordar un punto de partida, reivindicar con orgullo una estrategia positiva y certera a la que acompañó el éxito

Estos días, el Partido Popular conmemora el 20 aniversario de su refundación. Una brillante y tenaz operación política que culminó, no sin recorrer un laborioso y desigual trayecto, en la mayoría absoluta que el PP obtuvo en las elecciones generales, diez años más tarde, bajo el liderazgo de José María Aznar. Aquel Congreso tuvo una importancia objetiva en términos de modernización y puesta a punto de una alternativa potencial al que parecía entonces un inexpugnable Partido Socialista Obrero Español con Felipe González. Equipos y programas se renovaron de forma sustancial (“sintutelasnitutías”) para tomar el impulso necesario con el que merecer la confianza mayoritaria de los españoles. Pocos hubieran jurado en 1990 que el empeño del PP cosecharía tantos apoyos.
 
Hoy, con Mariano Rajoy a la cabeza, el PP vuelve a ponerse las pilas para sustituir a un Gobierno achatado en las ideas y desbordado por la crisis económica. El recuerdo del Congreso de Sevilla es una oportunidad para recordar un punto de partida, reivindicar con orgullo una estrategia positiva y certera a la que acompañó el éxito y volver a renovarse pensando en el punto de llegada.
 
La dirección del PP que volvió de Sevilla, en aquel abril de hace dos décadas, animosa y entusiasta, se convertiría en la piedra angular y más reputada de los futuros gobiernos de Aznar. Muchos de ellos pueden seguir desempeñando un papel protagonista en el futuro inmediato. No hay nada que no lo aconseje, puestos a sumar y en plena forma política. Volver a actualizarse por adición sigue siendo la fórmula más eficaz que acercará al PP a la nueva victoria.

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