América, Política

El regreso de Tabaré Vazquez

Vázquez -médico de profesión- decidirá si será candidato, o no. Lo hará entre agosto y octubre próximos. Pero todos los ruidos y acciones que aparecen en su derredor sugieren que seguramente lo será. Anuncia que recorrerá el país antes de tomar una decisión final. Su ex ministro Héctor Lescano ya lo hace, a la manera de avanzada.

La gestión del peculiar actual presidente del Uruguay, José Mujica, está empantanada en la inacción; repleta de contradicciones; y paralizada por los forcejeos en el interior del equipo económico de gobierno. Con una multitud de problemas sin resolver y con una alta cuota de desorden gerencial. Esto deriva simplemente en una notoria baja calidad en la gestión y en una sensación de alta ineficiencia. Y ello es visible. Está reflejado en el creciente déficit que ya es del 2,8% del PBI y, más aún, en la alta tasa de inflación, que es del orden del 7,48% anual. Por esto se habla, con razón, de un presidente austero, que es parte de un gobierno gastador.
 
El llamado “Frente Amplio” -la coalición de fuerzas de izquierda que llevara al ex tupamaro al poder- está profundamente dividido: Con sus distintas corrientes ideológicas presionando a Mujica para que haga lo que cada una de ellas pretende. Particularmente desde la izquierda radical, incluyendo al Partido Comunista.
 
Por todo esto, pese a que el gobierno de Mujica tiene ciertamente una amplia mayoría legislativa, no puede marcar el paso, ni proyectar claridad a su acción y, en cambio, vive agitado entre marchas y contramarchas. Lleno de dudas. Porque gobernar, es cierto, es mucho más que repetir consignas mecánicamente. El desastre de lo sucedido en Pluna, con todo, no ha golpeado a sus responsables directos como debió haberlo hecho. Por esto el clima es de fin de ciclo adelantado.
 
No obstante, la agrupación de la izquierda tiene un “comodín” que hoy luce casi imbatible. Me refiero al respetado ex presidente Tabaré Vázquez. Ocurre que si éste fuera nuevamente el candidato de la izquierda en las presidenciales de 2014, en las que dos tercios de la población oriental habrá nacido luego del golpe de estado de 1973, la coalición de los partidos tradicionales (blancos y colorados) -pese a su innegable repunte- probablemente fuera derrotada por el todavía muy popular y activo Tabaré Vázquez.
 
Ocurre que Uruguay ha completado una década de crecimiento por encima del promedio de la región, en la que el comando de la economía estuvo en manos del Frente Amplio. Por esto Uruguay mantiene, con razón, el llamado “grado inversor”. Y también por esto el PBI del campo uruguayo (usufructuario del viento a favor que llega desde el exterior y no perseguido, ni ordeñado desde el poder como ocurre con el campo argentino) creció un impresionante 27 % en apenas una década, la última…
 
Vázquez -médico de profesión- decidirá si será candidato, o no. Lo hará entre agosto y octubre próximos. Pero todos los ruidos y acciones que aparecen en su derredor sugieren que seguramente lo será. Anuncia que recorrerá el país antes de tomar una decisión final. Su ex ministro Héctor Lescano ya lo hace, a la manera de avanzada.
 
Vázquez asegura, de inicio, que no dejará que algunos de sus correligionarios del “Frente Amplio” le impongan a la persona que finalmente sea su compañero de fórmula. Hablamos de los esfuerzos de algunos (como Diego Cánepa) por promover a Raúl Sendic y algunos de otros por tratar de acoplarle a la presidente del “Frente Amplio”, la “compañera” Mónica Xavier. Por una razón de coherencia, Vázquez se resiste. Y tiene razón.
 
Cabe sin embargo apuntar que, lamentablemente, su compañero de fórmula no será el experimentado Danilo Astori, porque la Constitución oriental -en su Articulo 152- se lo impide, desde que los vice-presidentes tampoco pueden ser re-electos. Pero previsiblemente Astori, actual vice-presidente uruguayo tendrá un rol protagónico en la campaña.
 
Presintiendo los serios problemas que aquejan a su agrupación, Astori habla abiertamente de terminar “de la mejor manera posible” la deslucida gestión del actual gobierno. Para no tener que, de pronto, ceder el poder a las fuerzas de centro.
 
Y hasta el propio José (“Pepe”) Mujica sugiere, él también, que es hora de “ayudar a la candidatura de Tabaré Vázquez”, aparentemente por temor a algún repentino descalabro. Lo que, curiosamente, supone violar -sin rubor alguno- la sana disposición incorporada por el Artículo 77 de la Constitución Uruguaya, que prohíbe al presidente “intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral”. Pero lo cierto es que para el presidente Mujica todo es relativo. Por eso su repetida frase de que “lo político tiene prioridad sobre lo jurídico”. Actitud que es compartida por su beligerante esposa -la senadora Lucía Topolansky– que -inverosímilmente- no sólo exige que la Corte Suprema esté sometida al Ejecutivo, sino que pretende abiertamente la lealtad política de un porcentaje mínimo de los mandos militares. También por la “dura” senadora Constanza Moreira. Dos mujeres poderosas que, sin embargo, no están enamoradas precisamente de la democracia, ni de sus valores esenciales. Menos aún de la libertad de conciencia, ni de la libertad de enseñanza, ni de la libertad de expresión o de prensa. Para ellas, empeñadas (como su amiga Cristina Fernández de Kirchner) en dividir y enfrentar dialécticamente al pueblo de su país entre amigos y enemigos, esto de los “equilibrios y balances” entre los poderes del Estado es inconveniente, sino inaceptable. El gobierno electo por la mayoría -suponen ellas, equivocadamente- no debería tener límites a su arbitrariedad. En una democracia tener seriamente esa visión es contradictorio y peligroso. En un régimen autoritario, ella parecería lógica. Y ese es precisamente el problema.
 
Mientras tanto, la oposición se rasga las vestiduras por los duros ataques y desmedidas reacciones del “Frente Amplio” contra la Suprema Corte uruguaya, a la que el gobierno endilga haberle “faltado el respeto” con una decisión que, en definitiva, se pronuncia a favor de prohibir la retroactividad de las leyes penales, lo que es grave, como acusación, en el Uruguay. La verdad es que la Corte no ha hecho sino coincidir con el Artículo 7° de la Convención Americana de los Derechos Humanos. Me refiero a la declaración de inconstitucionalidad de los artículos 2 y 3 de la ley 18.831, sobre delitos de Estado.
 
Todos los ojos están ahora, en rigor, puestos sobre los movimientos de Tabaré Vázquez. Porque sería el único candidato presidencial de la izquierda capaz de asegurar el triunfo en la elección que se aproxima. Lo que naturalmente supondría una nueva postergación para los partidos tradicionales. Algo que, en política, es clave, porque se trata nada menos que de retener el poder. Seguir con las manos firmes en el timón del Uruguay. Si decide no candidatearse podría terminar SINDO culpado de una posible derrota. Por esto la presión de sus correligionarios se suma a su deseo de regresar al poder. Lo cierto es que si es elegido, Vázquez asumiría el gobierno a los 75 años y lo dejaría siendo un octogenario. Además podría tener que gobernar sin mayoría parlamentaria. Todo lo cual está lejos de ser ideal.
 
Pese a todo, en el ámbito de la oposición se consolidan fundamentalmente Jorge Larrañaga, entre los blancos, y Pedro Bordaberry, entre los colorados. Pero también están compitiendo Sergio Abreu, ahora separado de Alianza Nacional; Francisco Gallinal (de la Correntada Wisnoniana); y el juvenil Luis Lacalle Pou, entre los blancos. Y Amorín Batlle, entre los colorados
 
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. 

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