Política

España, más lejos de Europa

El corazón de Europa, donde había prometido colocarnos el presidente del Gobierno, nos da la espalda cuando de examinar y concertar una posición común ante los importantes problemas económicos planteados se trata.

Santi Lucas
Cuando escribo estas líneas desconozco los resultados concretos de la cumbre que ha reunido en Londres a los líderes del Reino Unido, Gordon Brown, Alemania, Angela Merkel, Francia, Nicolás Sarkozy, e Italia, Romano Prodi, junto con el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso, para analizar la crisis global de los mercados financieros. El premier británico no ha invitado a España a este cónclave, confirmando, con toda crudeza, el ostracismo al que nos ha conducido la política exterior de Rodríguez Zapatero durante la última Legislatura.

El corazón de Europa, donde había prometido colocarnos el presidente del Gobierno, nos da la espalda cuando de examinar y concertar una posición común ante los importantes problemas económicos planteados se trata. Es una mala noticia para los intereses generales de España, para el papel que debiera desempeñar nuestro país en el seno y entre los grandes de la UE y para afrontar en mejores condiciones las dificultades que se están viviendo en el ámbito de los precios y de las Bolsas.

En una entrevista televisiva, ayer mismo, Zapatero reducía con la boca pequeña la importancia del encuentro, incluso de la no pertenencia de España al selecto club del G-8. Los medios de comunicación más afines al Ejecutivo, como la Cadena SER de radio, calificaron de “pequeña cumbre” la cita de Londres. Menos contemplaciones con el desaire se aprecian en otros medios como La Vanguardia que aprecian directamente en sus titulares que a Zapatero le han dejado “en la estacada” los países más ricos de Europa. O el jefe de la Oposición, Mariano Rajoy, que considera “una bofetada” para España no haber sido convocada para estudiar la mejor forma de responder a la crisis internacional. Lo cierto es que nuestro peso político disminuye en el mundo y nos aleja, en los momentos más críticos, de nuestro propio entorno.

Los esfuerzos del ministro Moratinos por hablar en el dialecto lingala durante su reciente visita al Congo no evitan la creciente y preocupante incomunicación de España en Europa.

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