El fútbol nos iguala sin distinguir condición social, política o económica.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Martes, 21 de julio 2026
El fútbol nos iguala sin distinguir condición social, política o económica.
No habrá venido Obama a España; la presidencia rotatoria de la Unión Europea habrá pasado desapercibida y sin provecho alguno; tendremos que seguir soportando a Zapatero, el paro y la crisis pero, los españoles somos, como mínimo, subcampeones del mundo de fútbol. Ahí es nada. Lo acertó el pulpo “Paul” (que no ha fallado un solo pronóstico y además es alemán); auguró también la victoria la bruja Piruja o Aramís Fuster y apostaban por el triunfo un sinfín de “expertos” deportivos y millones de almas anónimas desde la pura intuición o un entusiástico deseo.
El fútbol tiene esa capacidad de concentrar la atención pública de una forma apabullante, imbatible. ¡La que se ha armado porque la novia de Casillas se sitúa detrás de su portería! Atrae como ninguna otra cosa, actividad o evento, los adjetivos más rotundos, las pasiones más encendidas, los acaloramientos más frenéticos. El fútbol nos iguala sin distinguir condición social, política o económica. ¿Hay algo más democrático que opinar sobre una alineación, una jugada o un árbitro? El fútbol de la Selección nos hermana espontáneamente en torno a la misma enseña, los mismos colores, los mismos cánticos y una común explosión de alegría (al menos, en esta ocasión).
Sólo el fútbol consigue audiencias tan aplastantes como la del encuentro España-Alemania. Casi ocho de cada diez televidentes siguieron la retransmisión de este partido (el 77,3%). La media fue de 13.289.000 espectadores (16.407.000 de almas en el minuto de oro). Una pasada. Además, faltaría contabilizar las personas que lo vieron en bares y locales públicos. Se termina antes nominando a los que no lo hicieron. El domingo se puede superar este dato y es que España es Mundial.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A