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General, verificable y permanente

Ni treguas condicionadas, ni mediaciones internacionales, ni diálogos o visos de negociación con el Gobierno.

La única verificación que los españoles queremos obtener sobre ETA es la de su completa derrota y disolución, la del abandono definitivo y entrega de las armas, la del arrepentimiento y la petición de perdón a las víctimas. Ni más, ni menos.
 
Cada vez que se produce una detención de terroristas de ETA se verifica el triunfo del Estado de derecho. Cada vez que se enjuicia y encarcela a un miembro de la banda asesina se verifica la idoneidad y eficacia del único camino posible para acabar con ETA. Cada vez que las fuerzas políticas refuerzan su unidad frente al terror se verifica la ausencia de esperanza en lograr sus objetivos.
 
La persecución implacable a los terroristas debe ser general, permanente, verificable y eficaz como lo está siendo ahora. No hay otra respuesta posible a las palabras que carga ETA en sus comunicados.
 
Ni treguas condicionadas, ni mediaciones internacionales, ni diálogos o visos de negociación con el Gobierno. El escarmiento de engaños anteriores, de trampas precedentes, de disfraces de alto el fuego, nos tiene que provocar de inmediato una alerta máxima, una desconfianza total, un escepticismo absoluto sobre las verdaderas y últimas intenciones de ETA y de sus cómplices entornos políticos.
 
Huele a pausa más que a tregua. No hay ninguna posibilidad de creer el anuncio de ETA. Tras el acoso al que están sometidos por los cuerpos y fuerzas de seguridad y el aislamiento social creciente que padecen se explica el agónico intento de volver a obtener un respiro institucional en las próximas elecciones municipales. Por eso la firmeza frente a ETA no puede retroceder ni un milímetro.
 

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