Uncategorized

Guatemala elige, una vez más, presidente a Alejandro Giammattei

La reciente elección de Giammattei no pareciera anunciar cambios radicales que mejoren la situación social del país que, en opinión de muchos, continuará empantanado en la pobreza y la corrupción y violentado por la acción del crimen organizado.


La ola de inmigrantes latinos que golpea con insistencia la frontera sur de los Estados Unidos no está mayoritariamente compuesta por mexicanos. Sus integrantes pertenecen, en cambio, a los países de América Central, que hoy expulsan masivamente a sus respectivas poblaciones por una mezcla trágica de pobreza, corrupción y violencia social. En efecto, ellos provienen mayoritariamente de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Este último país es considerado como “el país de tránsito”, a través del cual circula el principal flujo migratorio.
 
Guatemala acaba de tener elecciones presidenciales, en las que Alejandro Giammattei, un político conservador, se consagró por cuarta vez para conducir al pequeño país. Trinfó con el 57,9% de los votos, derrotando a la social-demócrata Sandra Torres.
 
Médico de profesión, Giammattei es un político consumado. Sucederá ahora al presidente Jimmy Morales, habiéndose impuesto en una elección con un inusual nivel de abstencionismo, desde que el 57% de los votantes simplemente no se presentó a sufragar, en señal de desesperanza. Giammattei se hará cargo de un país al que hoy se describe gráficamente como “el paraíso de la delincuencia”. Ocurre que Guatemala está plagada por el accionar de mafias y bandas criminales, enferma de corrupción y presa del narcotráfico. El Estado de Derecho en Guatemala se ha deteriorado constantemente todo a lo largo de las últimas tres décadas.
 
Hoy Guatemala mantiene una conversación muy delicada con los Estados Unidos, que le está requiriendo actuar como “filtro” para ayudarlo a cortar el flujo migratorio centroamericano hacia el país del norte.
 
Giammattei derrotó en la reciente contienda electoral a Sandra Torres, a la que algunos tenían como favorita desde que en la primera vuelta electoral ella había obtenido casi el doble de los sufragios que Giammattei. Curiosamente la confrontación por la presidencia guatemalteca se realizó entre dos personas de la misma edad: 63 años.
 
Guatemala ha sido objeto de atención preferente por parte de las Naciones Unidas que constituyó allí la llamada “Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala”. El nuevo presidente pretende transformar a su país en exportador y atraer a la inversión extranjera. Dos objetivos fáciles de declamar, pero difíciles de alcanzar. Si no logra asegurar a todos los habitantes guatemaltecos un mínimo de seguridad personal, sus referidos objetivos serán presumiblemente inalcanzables.
 
Desde la centro-derecha, Giammattei derrotó a la centro-izquierda encabezada por la mencionada Sandra Torres, líder del partido Unidad Nacional en la Esperanza.
 
Torres era particularmente popular en los ambientes rurales, especialmente en aquellos en los que predomina la identidad maya.
 
En su momento Torres también perdió en segunda vuelta contra el actual presidente Jimmy Morales. La moralidad de Sandra Torres ha sido cuestionada, habiéndosela acusado de compra de votos. Por eso, los demás partidos políticos han conformado reiteradamente lo que se ha denominado como “frentes anti-Sandra”, a través de los cuales la mencionada Sandra Torres ha sufrido distintas derrotas.
 
Tanto Sandra Torres como Alejandro Giammattei son –en rigor de verdad- políticos veteranos que, por décadas, han sido objeto de distintas acusaciones de corrupción, con pagos ilegales disfrazados de contribuciones para las campañas.
 
Giammattei, además, ha sido acusado de tener vinculaciones con “escuadrones de la muerte”, dedicados a realizar ejecuciones extrajudiciales. En el pasado, ambos han recurrido al músculo militar para combatir la delincuencia, con bastante poco éxito.
 
Cualquier acuerdo en materia de control de flujos migratorios a través de Guatemala requiere ser refrendado por el Poder Legislativo para poder entrar en vigor, ejercicio que no es ciertamente imposible, pero que requiere tejer pactos delicados y alianzas de difícil implementación.
 
La reciente elección de Giammattei no pareciera anunciar cambios radicales que mejoren la situación social del país que, en opinión de muchos, continuará empantanado en la pobreza y la corrupción y violentado por la acción del crimen organizado.
 
La situación de América Central toda es casi desesperante, pero pese a ello no ha conseguido concitar la atención de un continente que prácticamente está de espaldas a los países centroamericanos, como si ellos no existieran o, peor aún, como si su situación no pudiera corregirse.
 
La pequeña dimensión de esos países contribuye a generar la sensación de que poco y nada de lo que en ellos sucede merece la atención del resto del hemisferio, con la sola, pero importante, excepción de los Estados Unidos, que son el pretendido “paraíso” en el que apuntan a vivir decenas de miles de ilusionados centroamericanos, en busca de estabilidad y en procura de un nivel de vida mínimo al que desgraciadamente ellos no pueden acceder en sus respectivos países de origen. 
 
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
 

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú