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Hoy no es un día cualquiera o la gran evasión

¿Cree Zapatero que la gente no le va a reprochar semejante e insólita escabullida?

La triquiñuela de Zapatero para rehuir el cuerpo a cuerpo con Rajoy en la sesión de control  del Congreso de los Diputados ha sido apoteósica, digna del título de una película de estampidas o conmemoraciones. Resulta que el 23 de febrero, aniversario de un golpe de Estado, no es día para discutir. Así se lo ha dicho Zapatero a Rajoy con una sonrisa.
 
Si cogemos el libro de efemérides diarias ¿cuál es la fecha en la que sería adecuado debatir? ¿Cuándo le parece bien a Zapatero que se trate en el Parlamento la crisis y sus consecuencias? ¿En qué momento considera oportuno el Presidente afrontar las explicaciones por la lacra del paro? ¿Habrá alguna página en el calendario sin un suceso al que agarrarse para salir corriendo? ¿Cree Zapatero que la gente no le va a reprochar semejante e insólita escabullida?
 
La excusa es peregrina, tanto como reveladora de una completa parálisis gubernamental siquiera para cruzar argumentos, para defenderse de las críticas, para arrostrar la incompetencia, para dar la cara. No es que la crisis se enroque en nuestras vidas, es que el Gobierno no es capaz de refutar la dureza de la realidad que el jefe de la oposición le pone delante de las narices.
 
Un paso más hacia la nada, un ejemplo de fuga descocada. Zapatero ha encontrado el filón para esquivar su responsabilidad ante el Parlamento. “Hoy no toca”. “Cerrado por derribo”.

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