Venezuela sufre a Chávez desde hace ya 11 años. Éste, atornillado al Palacio de Miraflores, anuncia que pretende seguir en el timón de su país por 22 años más.
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Martes, 21 de julio 2026
Venezuela sufre a Chávez desde hace ya 11 años. Éste, atornillado al Palacio de Miraflores, anuncia que pretende seguir en el timón de su país por 22 años más.
Una nueva etapa, probablemente difícil y hasta convulsiva, se abre para Venezuela de cara a las elecciones del próximo 26 de septiembre, que presumiblemente Chávez manipulará a su favor.
Una vez más el liderazgo de las protestas sociales, que Chávez reprime sin pudor alguno, está en manos de los estudiantes universitarios cuya sed de libertad y necesidad de futuro es siempre algo más pronunciada que la de los demás. Roderik Navarro es el líder de las protestas. Hay otros, como Nizak al Fakih, de la Universidad Católica Andrés Bello, con la misma valentía y decisión. Navarro, sin embargo, es hoy el joven que de alguna manera personifica el constante “jaque” de la juventud venezolana a la omnipotencia de Hugo Chávez que ya está claramente sobre la mesa, el cual -de pronto- podría subir en su intensidad y empezar a lucir como una suerte de “jaque mate”. De allí la extrema gravedad de la hora.
El desafío a la autoridad de Chávez y los suyos está ya escrito hasta en las tribunas de los estadios de béisbol, el deporte que apasiona a los Venezolanos por igual. En sus gradas aparecen siempre carteles con la leyenda: “Tres strikes: luz-agua-electricidad. Presidente tas ponchao”. En la jerga beisbolista local, “ponchao” es el bateador eliminado por haber sufrido tres “strikes”.
Naturalmente Chávez ha reaccionado también ante esto anunciando que no lo permitirá más. Esto supone que sus esbirros arremeterán contra todas quienes sigan desplegando -ante la televisión- estos carteles, que lo ofenden.
Venezuela sufre a Chávez desde hace ya 11 años. Éste, atornillado al Palacio de Miraflores, anuncia que pretende seguir en el timón de su país por 22 años más. Pero la catástrofe que ya ha provocado comienza a sugerir que el sueño no le será nada fácil de materializar.
La sombra del difícil 1999 ha aparecido de nuevo, nítida, ante los venezolanos. Una vez más su dirigencia, vestida ahora de rojo, muestra una pasmosa falta de idoneidad, como es habitual en los populistas latinoamericanos. Para ellos, la política es mucho dicho y pocos hechos. Pero la gente, que advierte que su nivel de vida se deteriora aceleradamente, parece haber comenzado a querer reaccionar en Venezuela, en procura de un cambio.
De allí al punto final es tan sólo cuestión de tiempo. A menos que Venezuela se transforme en algo así como una enorme prisión, como desde hace décadas sucede con Cuba. Lo que no es imposible, ciertamente. Para Chávez sería algo así como una “evolución normal” de su programa bolivariano.
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