América, Política

Inicio de las negociaciones de paz colombianas

“…las FARC insisten en una designación absolutamente caprichosa e insólita: la de Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, alias “Simón Trinidad”, alguna vez nada menos que el tercero en la cadena vertical de mandos de las FARC, a quién los líderes guerrilleros quieren incorporar al equipo negociador”

Las conversaciones de paz entre le gobierno de Colombia y los delegados de las llamadas FARC -la organización subversiva marxista que ha asolado a Colombia desde hace 40 años ya, habiendo cometido toda suerte de crímenes de guerra (esto es: delitos de lesa humanidad en un “conflicto armado interno”, a estar a las disposiciones de las Convenciones de Ginebra)- convocadas por el presidente Juan Manuel Santos, están a pasos de iniciarse en Oslo, Noruega.
 
Las esperanzas de alcanzar la paz naturalmente crecen, pese a que los fracasos en los que terminaran las negociaciones similares realizadas en el pasado, alimentan ciertamente una cuota de escepticismo que es evidente en muchos colombianos.
 
Por lo demás, ¿puede realmente creerse en las FARC y en su liderazgo? Muy difícilmente. Pero la paz como objetivo justifica cualquier esfuerzo que se intente en su búsqueda. Pese al pasado y a lo que efectivamente son las FARC: tan sólo una organización criminal estrechamente vinculada a la violencia, la muerte y, como si ello fuera poco, al narcotráfico.
 
Venezuela ha designado a su embajador en la OEA, el siempre obsecuente Roy Chaderton, como delegado de Hugo Chávez en ese diálogo. Así lo confirmó Nicolás Maduro, canciller de Venezuela. El presidente Santos -al tiempo de escribir estas líneas- está a punto de ser operado de cáncer de próstata, lo que podría inmovilizarlo, aunque aparentemente apenas unos pocos días, lo que no debiera ser un obstáculo, si las cosas salen como se espera.
 
En paralelo, las FARC insisten en una designación absolutamente caprichosa e insólita: la de Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, alias “Simón Trinidad”, alguna vez nada menos que el tercero en la cadena vertical de mandos de las FARC, a quién los líderes guerrilleros quieren incorporar al equipo negociador.
 
Pero ocurre que Palmera está preso en una cárcel de máxima seguridad, en California, Estados Unidos. Cumpliendo allí una pesada condena a sesenta años de cárcel, por su responsabilidad en los secuestros de la FARC, claramente definidos y considerados por el derecho humanitario internacional como un evidente delito de lesa humanidad.
 
Palmera tiene ahora 62 años y militó en la FARC desde 1987 hasta que, de pronto, fuera detenido en Quito, Ecuador, en el 2004, deportado a Colombia y, desde allí, extraditado muy poco después a los Estados Unidos, el 31 de diciembre del mismo año.
 
Palmera es hijo de un viejo político liberal colombiano. Pero es marxista. Por ello es uno de los principales ideólogos de las FARC. Aún hoy, desde hace rato entre rejas.
 
Es un hombre de una educación profesional importante. Lo que no asegura la razonabilidad, ni el equilibrio. En su momento estudió un postgrado en finanzas en Harvard y fue luego profesor de Historia Económica en su país.
 
Su antecedente más destacado para pretender que sea tenido en cuenta para participar en las negociaciones de paz es aparentemente el de haber sido uno de los negociadores que actuaran en el proceso de paz llamado “de San Vicente de Caguán”, que tuviera lugar entre 1998 y 2002 en tiempos del presidente colombiano del Partido Conservador, Andrés Pastrana, que -como los demás- culminara en la nada.
 
Palmera mismo acaba de expresar por carta que cree que su experiencia puede aportar y servir a que el proceso de paz avance, desde que afirma tener algunas sugerencias que aportar.
 
Suena arrogante. Pero las FARC insisten, quizás con el deseo de transformar a quien es hoy simplemente un vencido, en una suerte de héroe de la reconciliación. Lo que es fantasioso, en mi entender. E inmerecido, por demás.
 
En rigor, en las conversaciones de paz no debe haber indispensables, ni insustituibles, ni providenciales. Tampoco Palmera. Pese a la insistencia del pretendido Estado Mayor Central de las FARC.
 
Su eventual participación en el proceso de paz depende ahora de que las autoridades norteamericanas la autoricen. Su presencia física en Oslo parece realmente impensable y, por ende, es casi imposible. Pero con los conocidos avances de la tecnología no es, para nada, un sueño que Palmera de pronto pueda participar electrónicamente en alguna de las sesiones o etapas.
 
Napoleón, él mismo un gran intrépido, decía que con audacia se puede intentar todo, pero no se puede conseguir todo. Las FARC lo saben. Lo cierto es que más importante que Palmera es la paz. Nadie puede transformarse en obstáculo para que el intento de alcanzarla -que afortunadamente se inicia- al final se frustre. Tampoco Palmera.
 
Mientras tanto, no dejemos que la impaciencia por reivindicar a quien no lo merece, venza a la esperanza de alcanzar, con la seriedad del caso, una paz indispensable.
 
 
Emilio J. Cárdenas
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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