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La brutal agresión rusa alimenta la angustia ucraniana provocada por la impotencia

Lo que está nuevamente en juego es el compromiso del mundo de desterrar las guerras que en su momento hizo nacer a las Naciones Unidas. Nada menos. La paz duradera,  entonces.

A poco más de tres semanas del inicio de la ilegal, injustificada y brutal agresión militar rusa a Ucrania, vale la pena reflexionar brevemente acerca de lo que, hasta ahora, ella ha significado para el orden internacional contemporáneo.

Lo primero que corresponde emitir es una clara condena; tan clara como imprescindible, al uso unilateral de la fuerza por parte de Rusia, que se hizo evidente por disposición del inmoral autoritarismo que se ha instalado en lo más alto del poder en ese lejano país.

Enseguida, el evidente y peligrosísimo desprecio ruso al derecho internacional que ello supuso. Particularmente, respecto a los cobardes ataques perpetrados contra los civiles inocentes ucranianos, que han conformado ya toda suerte de aberrantes crímenes de guerra, cometidos abiertamente y ante las cámaras de televisión del mundo entero,por los que los líderes civiles y militares rusos deberán responder ante los tribunales penales internacionales o domésticos que, en cada caso, correspondan. Incluyendo y comenzando por el propio Putin.

A lo que cabe agregar que, si la situación en la muy lastimada Ucrania no se corrige pronto, respetando a rajatablas el derecho internacional, la angustia de quienes no nos resignamos al horror de lo que vemos, crecerá y hará más difícil la reconstrucción del indispensable ambiente de mínimo respeto recíproco, lamentablemente extraviado por los belicosos rusos.

Lo que está nuevamente en juego es el compromiso del mundo de desterrar las guerras que en su momento hizo nacer a las Naciones Unidas. Nada menos. La paz duradera,  entonces.

Por el momento, existe la sensación de que el esfuerzo hasta ahora comprometido en alcanzar la paz no es suficiente. Ni sostenido. Particularmente, para quienes creemos que hay que hacer efectivamente mucho más, desde todos los órdenes y rincones, en el intento de salir de la actual situación, como requiere la urgencia por detener, sin demoras, la ola de violencia desatada por la Federación Rusa, país para quien el daño “reputacional” y de “credibilidad” frente al resto del mundo provocado por la agresión a Ucrania ha sido realmente enorme.

¿Quién puede confiar, con alguna tranquilidad en la Rusia actual? Nadie, por cierto. Putin es capaz hasta de usar armas nucleares.

Si por sus conductas se lo conoce, Putin, con su insólita actitud de “Macho alfa”, no le hace nada bien a su propio país, desde que obviamente lo ha transformado en un auténtico “paria”, hoy sancionado duramente, y con toda razón, por una buena parte de la comunidad internacional; esto es, en todo lo contrario a una potencia mundial confiable, con capacidad real y efectiva de liderazgo.

Tarde o temprano, el propio pueblo ruso, que ha transitado una historia violenta, buena parte del cual, inflamada por el nacionalismo, está hoy equivocadamente eufórica, lo advertirá.y presionará por un cambio de rumbo y actitud a sus autoridades. Ha sucedido en el pasado y volverá suceder, previsiblemente. Es apenas una cuestión de tiempo.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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