El fuerte descenso del precio del petróleo registrado en octubre ha hecho que la inflación se reduzca un punto y se sitúe en el 3,6 por ciento. El Gobierno español aprovecha el dato del IPC y la rebaja del Euribor para ver una luz al final del túnel de la crisis.
Para Solbes “es un excelente dato”
En octubre los precios han bajado por tercer mes consecutivo y se han situado en el nivel de hace un año, después de que la tasa interanual de inflación se redujese cuatro décimas en agosto y tres décimas en septiembre, mes en el que se situó en el 4,6 por ciento.
Se trata del mayor descenso de la tasa interanual de inflación armonizada registrado en toda la serie histórica del IPCA, sólo por detrás de julio de 2001.
Desde septiembre de 2007 el continuo encarecimiento del crudo y de las materias primas a escala internacional hicieron que las tasas de inflación se situaran en máximos históricos hasta alcanzar el 5,3 por ciento el pasado julio.
No obstante, desde agosto el precio del barril de Brent, de referencia en Europa, se ha ido reduciendo hasta un valor medio cercano a los 74 dólares que ha registrado en octubre.
El fuerte descenso de inflación armonizada ha hecho que la tasa interanual se iguale a la alcanzada en el mismo mes de año pasado, cuando el IPCA también se situó en el 3,6 por ciento.
El Gobierno es optimista
“Es un excelente dato”, ha afirmado el ministro de Economía español. Solbes señaló que datos como éste, el de los tipos de interés o el Euribor “van moviendo un poco el cotarro” y demuestran que estamos en una situación “difícil”, pero de la que “también se sale”.
El vicepresidente económico del Gobierno atribuyó un 50 por ciento de la bajada de la inflación al descenso de los precios del petróleo y el resto a la “importante” caída de los precios de la alimentación.
El titular de Economía y Hacienda señaló que la bajada de la inflación podría dar “más margen” al Banco Central Europeo para reducir los tipos, algo que, en su opinión, sería “positivo” porque ayudaría a generar más actividad económica.
A esta primera consecuencia se uniría, según Solbes, una evolución positiva del consumo, ya que los recursos disponibles de los ciudadanos “serán mayores” y su capacidad para comprar y diversificar el gasto también.
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