Santi Lucas
La Convención nacional del Partido Popular ha logrado transmitir con eficacia una sensación de fortaleza y renovada ilusión de sus huestes para recuperar el poder. El PP le ha dicho a la sociedad española que puede contar con él para rectificar el rumbo del país, que tiene con qué hacerlo y que sabe cómo hacerlo, y le ha dicho también al Gobierno socialista que está en condiciones reales de sustituirlo. La espectacular puesta en escena del cónclave “popular”, cuidada hasta en los mínimos detalles, reunía todos los requisitos de un partido ganador. Lo asombroso es que, tan solo dos años después del triunfo electoral de Rodríguez Zapatero, la oposición se muestra pletórica de ánimos, de ideas y de aliento social y el Gobierno declina y cosecha una impopularidad creciente.
El PP ha demostrado que, con todos sus defectos y virtudes, es el resultado de una sabia evolución política y de una experiencia histórica muy positiva, que ni una ni otra se pueden despreciar. Manuel Fraga, José Mª Aznar y otros muchos líderes del PP (Acebes, Zaplana, Gallardón, Aguirre, etc…) son referencias insustituibles para saber de donde parte esta fuerza política y para atestiguar su compromiso y su coherencia en el futuro. A Mariano Rajoy le corresponde ahora liderar la herencia recibida, administrarla con tino y conducir la nave a buen puerto. De la inteligencia de él y de su equipo dependerá que no se defrauden las esperanzas de millones de españoles que están puestas en un cambio para el país.
Los partidos políticos tienen la obligación constante de abrir sus puertas y de airear sus programas y objetivos, para saber a qué atenernos si les votamos. El Partido Popular ha hecho durante el paso fin de semana un ejercicio de responsabilidad y transparencia, de explicación diáfana de sus mensajes.
Vivimos un tiempo, sin embargo, en el que el Gobierno rehuye la claridad, dribla las demandas ciudadanas y se tambalea en pactos impertinentes, que sólo buscan apuntalar una supervivencia agónica y desnortada. En dos años, en los que se ha mirado más hacia atrás que hacia delante para enterrar cualquier recuerdo favorable hacia el PP, se ha agotado un proyecto político engañoso, sin iniciativa, a remolque de las circunstancias, que se ha diluido y malgastado. La democracia tiene, no obstante, la grandeza y virtualidad de prever y permitir el recambio en estos casos.









