La secuencia de las previsiones sobre el crecimiento de la economía española presenta un perfil sinuoso, con unas diferencias que dejan perplejo a cualquier observador y muy preocupados a los ciudadanos.
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Martes, 21 de julio 2026

La secuencia de las previsiones sobre el crecimiento de la economía española presenta un perfil sinuoso, con unas diferencias que dejan perplejo a cualquier observador y muy preocupados a los ciudadanos.
Santi Lucas
Según la fuente a la que se acuda (Unión Europea, FMI, OCDE, Banco de España, Gobierno, prensa económica, expertos….) el porcentaje cambia, y oscila entre el 3,1% (apalabrado por Solbes hace un mes) y el 1% (por el que se inclina “The Economist” esta misma semana). El común denominador es la apuesta en todos los casos por un fuerte descenso de las primeras conjeturas. Recordemos que las cuentas públicas se elaboraron para el 2008 con un cálculo del 3,3%, por lo que es sencillo deducir que el ajuste presupuestario va tener que ser muy duro y urgente y que el superávit puede estar en el alero.
Más sencilla, clara y directa es la percepción de la crisis que tienen el común de los españoles en sus vidas cotidianas, pero más inexplicable es que el Gobierno de Zapatero siga abonando la ilusoria tesis de que nos hallamos ante un simple problema de atracón inmobiliario que en breve vamos a digerir sin dificultad y reintegrarnos al paraíso. Desde comienzos del año, hay una constante oficial de no reconocer inicialmente el desplome para asumirlo y matizarlo poco después ante la fuerza y unanimidad de los organismos e instituciones que lo pronostican y la cruda realidad que lo atestigua.
En la calle, el pesimismo y la inquietud son patentes. El runrún de qué está pasando se extiende cada día más entre las señales tangibles de la caída del consumo, de la subida de los precios, de los planes de inversión y negocio aplazados y del temor ante el futuro del empleo.
No hay excusa para coger de inmediato el toro por los cuernos, porque seguir toreando de salón como hace Zapatero ante una coyuntura económica tan delicada sólo puede empeorar los resultados y acrecentar la magnitud de los problemas.
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