La oposición habría ganado 99 escaños según los resultados oficiales y el PSU, 46. Pero aún quedan por adjudicar 22 escaños de los 167 en disputa.
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Martes, 21 de julio 2026

La oposición habría ganado 99 escaños según los resultados oficiales y el PSU, 46. Pero aún quedan por adjudicar 22 escaños de los 167 en disputa.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, después de seis largas horas de espera, ha reconocido la derrota de su partido, el Partido Socialista Unificado de Venezuela.
A su manera y apelando a su particular moral y ética democrática y de respeto a la Constitución, achacaba la derrota a la “guerra económica” liderada por Estados Unidos. El televisivo presidente, parafraseando a Chávez en su fallido golpe de estado de 1992, manifestaba no obstante que “hemos perdido por ahora…”. Nada tranquilizadoras sus palabras.
La oposición habría ganado 99 escaños según los resultados oficiales y el PSU, 46. Pero aún quedan por adjudicar 22 escaños de los 167 en disputa.
No es un tema menor. Una mayoría simple, como la actualmente reconocida, permitiría a la oposición liberar presos políticos, promulgar leyes básicas, aprobar el presupuesto y la deuda del gobierno y al mismo tiempo obtener cierto grado de supervisión sobre el presidente.
Pero tres quintas partes de la Asamblea (101 o más diputados), le permitiría la aprobación de leyes que abrirían paso a una serie de reformas. La oposición, en teoría, podría además desplazar al vicepresidente o ministros. Con dos tercios de la asamblea estaría en condiciones de reestructurar la práctica totalidad del sistema venezolano y sobre todo el sistema judicial.
A falta de conocer que ha sucedido con esos 22 escaños fundamentales, la realidad de Venezuela es que el chavismo controla más de 20 gobernaciones, cientos de alcaldías, el poder judicial, gran parte de la prensa y todos los organismos de auditoría y control.
No parece muy creible que vayan a ceder en los próximos meses ni un ápice del enorme poder acumulado. Lo más probable, a tenor de su trayectoria, es que el presidente venezolano pretenda utilizar a la nueva Asamblea Nacional como el “chivo expiatorio” de todos los males económicos que asolan Venezuela.
Ya me gustaría pensar todo lo contrario pero los hechos avalan nuestra profunda desconfianza, incluso y a pesar de la personal “Misión de Diálogo” y asesoramiento democrático que se ha impuesto el ex presidente español Zapatero, invitado por Maduro a presenciar estas elecciones.
No hay que ser un “lince” para saber que la puesta en escena del Maduro derrotado ha sido convenientemente asesorada. Diálogo, ética democrática y respeto a las leyes son palabras que tienen sentido en una Democracia pero en Venezuela no existe tal.
Pese a todo y a pesar de que sé que sería un gesto para la “galería”, me conformo con que Zapatero y cuantos consejeros y asesores pueda Maduro atender y escuchar, consigan, por favor, la inmediata liberación de los presos políticos y que Leopoldo López y todos los demas (que son muchos) puedan pasar estas Navidades en su casa, con los suyos. Como sucede allí donde hay diálogo, democracia, ética y respeto a las leyes justas.
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