Nuestra Historia, la dignidad de nuestra nación, nuestra posición en el mundo y nuestros objetivos culturales y económicos, dice Rajoy, deben ser los que se reflejen en la acción exterior española.
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Martes, 21 de julio 2026

Nuestra Historia, la dignidad de nuestra nación, nuestra posición en el mundo y nuestros objetivos culturales y económicos, dice Rajoy, deben ser los que se reflejen en la acción exterior española.
Santi Lucas
Uno de los mensajes con más calado del reciente cónclave celebrado por el Partido Popular es el que hace referencia a la política exterior española. Es evidente que en los focos de interés público sobre las conclusiones de la conferencia no puede rivalizar con el brillo de anuncios tan atractivos como los de la reducción de impuestos o la subida de las pensiones. Pero es cierto también que la política internacional de España requiere un urgente y rotundo cambio de derroteros e implicarse en ello abona la oportunidad y la importancia de las palabras de Mariano Rajoy, que reflejan sin rodeos un diagnóstico y sus compromisos en este terreno: “No es razonable que la política exterior española esté al servicio de un partido, de una ideología o de una ocurrencia, ni que renuncie a intervenir en el mundo en amparo de la democracia y de los derechos humanos”. En el amplio catálogo de las pérdidas del sentido común por parte del Gobierno socialista, el de los asuntos exteriores ocupa, es verdad, un grueso y lamentable capítulo.
Nuestra Historia, la dignidad de nuestra nación, nuestra posición en el mundo y nuestros objetivos culturales y económicos, dice Rajoy, deben ser los que se reflejen en la acción exterior española. Una alusión al prestigio perdido en Hispanoamérica por los devaneos de Zapatero en los países menos pulcros con la libertad como Cuba, Venezuela o Bolivia y al desprecio por la disidencia que paga en sus carnes los delirios caudillistas, tampoco estuvo ausente de la intervención del líder del PP.
Madrugar en el acierto y en la dirección adecuada a cien días de unas elecciones generales debe reseñarse como un éxito inicial para el político que sea capaz de lograrlo. Cuando la claridad de las ideas y la profundidad de las convicciones se ponen de relieve de una forma tan firme, cabal y congruente, como el candidato del PP ha hecho con la política exterior española, sólo puede derivarse un merecido triunfo.
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