Como España no cree en los ejes, dice también Moratinos, estamos en el peor de los escenarios, en tierra de nadie, sosteniendo un errático y pobre peso en el exterior, “ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”, con una diplomacia crecientemente partidista y con un despiste boreal respecto a las posiciones y alianzas más favorables a nuestros intereses en el concierto internacional.
Santi Lucas
El ministro Moratinos escribe que en política exterior “el ruido no debe impedirnos escuchar la sinfonía” (ABC 25/11/06). En realidad, los instrumentos españoles chirrían en cada acorde y la orquesta oficial desafina atronadoramente en esta partitura. A la corte mediática del presidente Zapatero tampoco le gusta que se reproche públicamente la indigencia española en la esfera internacional. Pero lo cierto y evidente es que, dejando a un lado las cumbres periódicas de relevancia decreciente con algunos vecinos como Francia y Portugal, la nota más alta que este gobierno ha entonado en el exterior está marcada por la estridencia y la progresiva afonía del aislamiento. No merecemos los españoles de este tiempo un gobierno que limite su influencia y simpatías a los regímenes políticos menos ejemplares de la Tierra ni que consuma todo su crédito e imaginación en iniciativas componedoras aguadas y extemporáneas.
Como España no cree en los ejes, dice también Moratinos, estamos en el peor de los escenarios, en tierra de nadie, sosteniendo un errático y pobre peso en el exterior, “ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”, con una diplomacia crecientemente partidista y con un despiste boreal respecto a las posiciones y alianzas más favorables a nuestros intereses en el concierto internacional. No es sólo la flojedad de un canciller anegado por la responsabilidad, trasunto del propio presidente del Gobierno, lo que está en juego, es un largo recorrido torpemente desandado, que ahora no encuentra la solidaridad ni la complicidad internacionales adecuadas para hallar la salida y corregir el rumbo.
La política exterior no es el foco de interés informativo preferente para los ciudadanos españoles y por eso las encuestas de opinión detectan una elevada indiferencia social ante estas cuestiones, que muchas veces son de complicada evaluación y trascendencia. Aun así, basta con echar un vistazo a nuestros contactos privilegiados en Iberoamérica, al pueril e insensato antiamericanismo, a la displicencia en el trato por parte de las principales naciones europeas o al chantaje subsahariano, por poner sólo algunos ejemplos, para encender todas las alarmas y caer en la cuenta del destemplado recital que el gobierno de Zapatero está interpretando en el mundo.
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