Política

La reelección como excusa

Bajo el manto de una opción que refuerza el control del pueblo y del Parlamento sobre el Ejecutivo se encierra una trampa para elefantes que termina, como en el caso de Cuba…

Santi Lucas
En cualquier democracia moderna, la reelección de un mandatario es una posibilidad que está reservada a los ciudadanos, con algunas limitaciones temporales escritas como en Estados Unidos o no escritas como la asentada por José María Aznar en España, mediante la expresión libre de sus votos. A menudo, cuando los modernos tiranos latinoamericanos promueven reformas constitucionales para abrir la puerta a sucesivas reelecciones, se recuerda que esa es una práctica corriente en muchas partes avanzadas del mundo, y que por eso mismo no puede ser descalificada en sus propios términos. El argumento que se emplea interesadamente por sectores de la izquierda ideológica atiende sólo a una parte de la polémica. Bajo el manto de una opción que refuerza el control del pueblo y del Parlamento sobre el Ejecutivo se encierra una trampa para elefantes que termina, como en el caso de Cuba, en una farsa democrática, en una dictadura férrea de partido único y caudillo único.

“Porque al final de cuentas es el pueblo el que decide, y si sos tan malo como dicen que sos, el pueblo no va a votar por vos, pero deja que sea el pueblo el que decida”, clama en un discurso Daniel Ortega defendiendo la reelección presidencial en la Asamblea Nacional de Nicaragua. Hugo Chávez y Evo Morales están enfrascados en sendas campañas semejantes de ocupación perpetua del poder. Las libertades públicas se restringen, los medios libres de comunicación se amordazan, la oposición se elimina y la reforma constitucional sanciona la ratificación interminable.

No puede aislarse, conceptualmente siquiera, la reelección presidencial en estos países de la deriva despótica de sus dirigentes, de los planes totalitarios que no se ocultan, ni de los modos arbitrarios con los que tratan de vestir el simulacro. No hay condiciones sociales ni políticas para concluir que la reelección es inocua, mucho menos ventajosa para estos pueblos, y por eso hay que combatir la confusión provocada y los falsos de toda falsedad silogismos que se rinden a diario ante su embate.

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