La clausura del Vº Foro Atlántico, dedicado en esta edición a reclamar democracia y libertad en Cuba, fue saludada en el exterior del recinto por algunos bramidos que jaleaban a Fidel Castro e insultaban a los cubanos disidentes y a los españoles solidarios con sus objetivos.
Santi Lucas
Si alguien me hubiera dicho que iba a ver en Madrid, en el año 2008, una manifestación de apoyo a la dictadura castrista, hubiera pensado que se trataba de una broma, de mal gusto, pero una broma al fin y al cabo. La clausura del Vº Foro Atlántico, dedicado en esta edición a reclamar democracia y libertad en Cuba, fue saludada en el exterior del recinto por algunos bramidos que jaleaban a Fidel Castro e insultaban a los cubanos disidentes y a los españoles solidarios con sus objetivos que habían participado en ese evento.
Lo de menos es que la manifestación no superara la veintena de individuos, liberticidas entusiastas de la dictadura cubana; lo sorprendente es que haya un solo ser humano a este lado del progreso que pueda defender o ambicionar la degradación, la miseria, la esclavitud, la tiranía o el dogmatismo más férreo, que todo eso es y representa hoy el régimen cubano. Lo inaudito es que desde una sociedad libre y abierta como la española alguien reclame el apoyo para los que pisotean los derechos humanos en Cuba y no para los que sufren el pisotón en forma de acoso, cárcel y torturas. Lo extravagante es que una ceguera crónica aconseje a un solo sujeto ponerse de parte de la represión antes que de la democracia. Lo intolerable es que quienes están condenados al exilio, a soportar las vejaciones más truculentas, quienes padecen la censura y la persecución más implacable por defender la libertad en Cuba, sean doblemente castigados con un abucheo insensato y delirante.
Es una anécdota nada más, pero ilustra no obstante la dificultad que todavía existe en algunos sectores de la izquierda para admitir, con la evidencia y el testimonio de los abusos, las restricciones y la pobreza galopante, que Cuba no tiene otra cosa envidiable que el pueblo que resiste, que no se doblega y que anhela terminar alguna vez, ¡ojalá! sea muy pronto, con cincuenta años de pesadilla y opresión.
Sobre las convicciones profundas y la fortaleza moral e intelectual de personas que luchan por la causa de la libertad en Cuba como Mario Vargas Llosa, Sylvia Iriondo, Mauricio Claver, Leopoldo Fernández Pujals, Carlos Alberto Montaner, Blanca Reyes, Alejandro González Raga, Pedro Pablo Álvarez Ramos, Zoé Valdez, Raúl Rivero, Rafael Rojas, Orlando Jiménez Leal, Mirian Cabrera Infante y otros muchos, el griterío de unos pocos alienados no puede nada, resuena como el eco lejano de una antigualla inservible y atroz.
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