¿en qué cabeza cabe que los alcaldes se parezcan en algo a sus vecinos?
Me he frotado los ojos un par de veces y las letras seguían siendo las mismas. He dado unas vueltas a la mesa del despacho, por si variaba el contenido del texto leyéndolo desde otra óptica, pero ha sido inútil. Allí estaba el teletipo de
Europa Press inmóvil, literal, alucinante, rotundo.
Según parece, los alcaldes españoles se han comprometido, por unanimidad, a utilizar el transporte público una vez a la semana para acudir a sus puestos de trabajo. ¿Cómo se les ha quedado el cuerpo? Lo mismo pienso yo. Si fuera el 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, estaba clara la broma, pero a palo seco el anuncio es de los de no echar gota.
El presidente de la cosa de alcaldes de España, Pedro Castro, lo estropea todavía más cuando explica/justifica/ en una entrevista el notición diciendo que “así los alcaldes podrán hablar con los vecinos, algo que siempre es bueno”. ¡Muchas gracias, generoso! Con parecida lucidez añade también que “la única forma de gestionar bien un consistorio es conocer lo que los vecinos piensan de tí y cuáles son sus necesidades”.
Vamos a ver, ¿en qué cabeza cabe que los alcaldes se parezcan en algo a sus vecinos? ¿Nos van a obligar a distinguir ahora en el autobús quién es y quién no es un alcalde? ¿No tenemos bastante con las aglomeraciones y estrecheces habituales, las legañas de todos los días, los tradicionales y espontáneos improperios a la autoridad, los desahogos corrientes sobre el tráfico, los frenazos o impuntualidad del carro?
A este individuo y a la unanimidad de extraterrestres que ha llegado a semejante conclusión habría que botarlos, con “b”. ¡Qué fuerte!
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