Política

María José Carrascosa

El Gobierno de Rodríguez Zapatero debe instar urgentemente a Estados Unidos, a través de la representación diplomática, el respeto a las decisiones judiciales españolas, así como la salvaguarda y protección de los derechos que asisten a los ciudadanos españoles en el extranjero.

Santi Lucas
Con muchas dificultades para hacer notar su situación en la opinión pública, el caso de María José Carrascosa, encarcelada desde el pasado mes de noviembre en Estados Unidos, reclama una activa solidaridad ciudadana y una eficaz movilización del Gobierno que pongan fin al calvario. Nuestra compatriota sufre una endiablada pugna jurisdiccional que se debate entre las sentencias de los tribunales españoles que le concedieron en su día la custodia de su hija y la decisión de la Corte de Nueva Jersey que no reconoce la validez de los fallos y la retiene en prisión bajo graves acusaciones penales y civiles. La falta de una adecuada atención médica (con vejaciones intolerables de por medio como simular su ejecución) y también jurídica (que le ha llevado a representarse a sí misma por no poder hacer frente a los honorarios de su letrado) han agravado extraordinariamente las penosas circunstancias de esta causa.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero debe instar urgentemente a Estados Unidos, a través de la representación diplomática, el respeto a las decisiones judiciales españolas, así como la salvaguarda y protección de los derechos que asisten a los ciudadanos españoles en el extranjero en cumplimiento de las convenciones y tratados internacionales, y debe hacerlo con alguna firmeza porque el caso no puede serle ajeno ni puede repetirse en el futuro. Los dos principales partidos políticos, PSOE y PP, también han juntado sus voces para pedir la libertad de Maria José. Este gesto de unidad, infrecuente en estos tiempos, avala aun más si cabe el interés y la oportunidad de tomar las iniciativas necesarias para hacer posible un final feliz.

La familia Carrascosa lucha denodadamente, con todos los medios a su alcance, para que el problema de María José no sucumba al olvido o a la indiferencia y para ejercer la presión suficiente sobre las autoridades estadounidenses y españolas que acabe con su angustia. Creo sinceramente que todos los que tenemos la posibilidad de opinar y comunicar públicamente nuestras ideas y reflexiones debemos apoyar a María José Carrascosa con el convencimiento pleno de estar contribuyendo a un acto de estricta y preciada justicia.

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