“…Se echa encima un tiempo de redobladas penurias y ninguna esperanza. El que avisa no es traidor…”
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Miércoles, 11 de marzo 2026
“…Se echa encima un tiempo de redobladas penurias y ninguna esperanza. El que avisa no es traidor…”
Se avecina un trimestre de aúpa. De órdago a la grande. De sangre, sudor y lágrimas El Hare Krishna gubernamental va camino de empeorar las cosas hasta contornos todavía insospechados. Han empezado la universidad y los colegios con las matrículas y el material escolar a cuestas; tenemos que saldar las cuentas pendientes del verano; termina el plan de obras de la ceja en todos los pueblos con el que se ha maquillado la hecatombe laboral durante un rato; hay que liquidar el segundo plazo de la declaración de la renta; se cierran los chiringuitos y se van los turistas cerrando una temporada que tampoco ha sido para tirar cohetes; los expedientes de regulación de empleo en las empresas son un goteo constante y demoledor. Se han agostado los brotes verdes sin apenas germinar, no queda ni rastro.
Si la mayoría parlamentaria no estuviera diabólicamente sometida al destino del Estatuto de Cataluña en el Tribunal Constitucional y a la financiación autonómica, en lugar de vincularse a la marcha de la situación económica y el interés general, este Gobierno no podría aguantar ni un cuarto de hora más sin denotar una soledad clamorosa.
Acaba septiembre anunciándose una subida de impuestos, mil veces negada antes. ¿Cómo es posible que tanta improvisación no se penalice? ¿Cómo conformarnos mansamente con un fracaso tras otro a la hora de enfrentar la crisis? ¿En qué hipnosis colectiva hemos podido caer para no darnos cuenta de la completa fragilidad o inutilidad del Gobierno para hacer alguna política positiva que ofrezca la menor confianza ante el futuro?
Se echa encima un tiempo de redobladas penurias y ninguna esperanza. El que avisa no es traidor.
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