Acaba, por ejemplo, de decir muy serio frente a las cámaras, con postura de antropólogo, que en su país: “ha fallecido gente viva”.
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Martes, 21 de julio 2026

Acaba, por ejemplo, de decir muy serio frente a las cámaras, con postura de antropólogo, que en su país: “ha fallecido gente viva”.
Nicolás Maduro, el increíble presidente de Venezuela, es un ejemplo casi insuperable de vulgaridad. No sorprende, entonces, que su hijo de 27 años, el bueno de “Nicolasito”, sea igual. Absolutamente impresentable. Cada vez que el “nene” aparece en público, es un papelón de aquellos incorregibles. De los que provocan vergüenza ajena. Su papá lo está “entrenando”, a su manera.
Cuidadosamente. Y así evoluciona, mientras acumula altos cargos públicos, pagados por los demás, por el sólo hecho de llamarse “Maduro”.
Es “Director General de Delegaciones Presidenciales”, en la vice-presidencia de la República. “Mariscal de la Burocracia”, sería seguramente bastante más claro como título. Con anterioridad, casi como “Florencia”, la nena de Cristina Fernández de Kirchner, Nicolasito fue director de una escuela pública de cine y jefe de un cuerpo “anticorrupción” emplazado en la presidencia de su país.Como para que su padre no tenga, en ese crucial rubro, competencia desleal alguna. Una suerte de “garantía de exclusividad”, entonces.
Es amigo del show off. En el 2014, en un casamiento en Caracas al que asistía, se filmó bajo una “ducha” de dólares-billete que caían del cielo sobre sus hombros. Lo que probablemente no sea ficción sino algo cierto, sin que naturalmente él haya hecho nada, salvo nacer, como para merecerlo.
Hoy Nicolasito es miembro de la ilegal Asamblea Constituyente con la que su padre ha despojado de facultades al Poder Legislativo venezolano, claramente dominado por la oposición.
Frente a los micrófonos es un peligro. Acaba, por ejemplo, de decir muy serio frente a las cámaras, con postura de antropólogo, que en su país: “ha fallecido gente viva”.
Todavía hay venezolanos que tratan de interpretar que es lo que quiso señalar. Y no pueden. Las redes sociales lo tienen como objeto de burla y él les da de comer abundantemente con frases insólitas, como la apuntada. Siempre está en la tarima, cerca de su padre, para ir así adquiriendo notoriedad y visibilidad, al mismo tiempo.
Nepotismo, en su más pura expresión. Como no podía ser de otra manera en torno a una figura política con algunos perfiles a los que puede llamarse “brutales”, casi de antología, como la de Nicolás Maduro.
Emilio J. Cárdenas.
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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