Cada día son más los niños en países de conflicto que no se pueden dedicar a ir a la escuela y a jugar. Viven riesgos que suponen graves violaciones contra los derechos humanos, como el reclutamiento y la utilización de niños para que luchen en los conflictos armados, violencia sexual, asesinatos o mutilación, así como ataques frecuentes contra hospitales y escuelas. Estos casos se dan en países como Siria, Malí o Afganistán, donde la guerra no les deja aprender.
Actualmente, los niños que viven en zonas de conflictos armados, se enfrentan día a día a grandes amenazas. Viven riesgos que suponen graves violaciones contra los derechos humanos, como el reclutamiento y la utilización de niños para que luchen en los conflictos armados, violencia sexual, asesinatos o mutilación, así como ataques frecuentes contra hospitales y escuelas.
Según recogen las agencias de noticias, esto es lo que ha presentado el Informe Anual del Secretario General sobre los niños y los conflictos armados, que ha sido publicado por la Representante Especial del Secretario General para los niños y los conflictos armados, Leila Zerrougui.
Las escuelas se han convertido en blancos perfectos para captar combatientes, para utilizar a los niños con fines militares. En los conflictos, las escuelas deben ser vistas por los niños, padres y familias como refugios seguros y protegidos donde los niños puedan aprender y desarrollar su máximo potencial. Un lugar en el que puedan tener sensación de normalidad en un contexto en el que nada es normal para los niños.
Malí, Siria y Afganistán
El reclutamiento sistemático de niños y niñas soldados ha generado una situación insostenible en países como Malí, Siria o Afganistán. Amnistía Internacional ha denunciado la escala de los crímenes de guerra que afectan a estos niños, incluido el reclutamiento sistemático de niños menores de 15 años por grupos islamistas armados.
El informe pone de relieve los incidentes producidos en estos países, en los que las escuelas y los trabajadores del sector educativo, han sido agredidos o se han usado escuelas como cuarteles militares, instalaciones de almacenamiento de armas, centros de mando, detención e interrogatorio, y como posiciones para disparar y vigilar. Estas acciones ponen en peligro las vidas de los niños, obstaculizan su derecho a la educación y repercuten en la reducción de las matriculaciones y en las altas tasas de abandono escolar, especialmente entre las niñas.
En
Siria, miles de niños han sufrido disparos, bombardeos y ataques aéreos. En algunas zonas hay niños que llevan sin pisar una escuela hasta 18 meses.
En Afganistán se han producido ataques contra escuelas utilizando dispositivos explosivos improvisados y ataques suicidas, se han quemado escuelas y se han secuestrado y asesinado a trabajadores del sector educativo.
En Malí, la toma de control del norte por parte de grupos armados en 2012 tuvo un efecto devastador en el número de niños matriculados en escuelas. El informe señala que 115 escuelas fueron saqueadas, dañadas, bombardeadas, utilizadas con fines militares o cubiertas de municiones sin estallar.
El caso de Hussein, un ejemplo de muchos otros niños en la misma situación
El diario colombiano El tiempo, recoge la historia de un niño del Líbano. Hussein no sueña con ser futbolista, piloto de carreras o astronauta. A sus 5 años quiere ser combatiente, como su padre. La guerra se ha convertido en algo tan cotidiano en los barrios rivales de Bab el Tabaneh (suní) y su vecino Jabal Mohsen (alauí) que los niños juegan a combates imaginarios con fusiles de madera.
El papá de Hussein es el jeque Ahmad, que dirige a 1.000 milicianos salafistas, que defienden el barrio suní. “Los alauíes nos han arrastrado a tomar las armas”, sentencia el líder guerrillero, antes de agregar que sus enemigos “tienen mejores armas de asalto, lanzagranadas, francotiradores… Nosotros solo contamos con nuestro kalashnikovs”.
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