En la España de Zapatero se toca la marimba con subvenciones sin que crujan una pizca los pilares del sentido común o de la cordura más elemental.
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Martes, 21 de julio 2026
En la España de Zapatero se toca la marimba con subvenciones sin que crujan una pizca los pilares del sentido común o de la cordura más elemental.
En la España de Zapatero, un pirata cualquiera entra en una consulta médica siendo menor de edad y sale como un hombre hecho y derecho, adulto y maduro. Vamos, que tiene usted a mano un bucanero mozalbete que no estira, un malandrín a medio cocer, un corsario canijo, sea somalí o no lo sea, que aquí no se hacen distingos, pues lo trae a este país aunque sea a la fuerza y en un santiamén verá como alcanza la mayoría de edad para poder juzgarlo como es debido. Es lo que tienen estos sitios prodigiosos, donde nada es lo que parece, donde todo es posible y donde la capacidad de asombro de la pasmada población se desbordó hace mucho tiempo.
Por ese mismo motivo, los desfavorecidos españoles cuentan con el favor del Gobierno El Gobierno los crea, los multiplica afanosamente y los favorece con subsidios de tres al cuarto. Es fantástico. Los sindicatos de trabajadores se manifiestan contra los empresarios; el umbral de la pobreza no termina nunca de elevarse; los abogados pleitean contra los jueces; los presupuestos del Estado se ponen en almoneda pública; un varapalo dialéctico propinado en el Parlamento se convierte en una agresión machista y, así, el más oscuro pesimismo envuelve a los emprendedores y al osado que se rebela.
En la España de Zapatero se toca la marimba con subvenciones sin que crujan una pizca los pilares del sentido común o de la cordura más elemental. Hemos llegado a un punto en el que nos crecen las desdichas a la misma velocidad que los piratas somalíes. Un día son imberbes y al día siguiente se espigan y crecen milagrosamente. O sea, que nos crecen los enanos.
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