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Nuestro presidente, Alberto Fernández, es afecto al “toqueteo” y, por ello, algunos le escapan

Un reciente video, que recorrió rápidamente el mundo volviéndose “viral”, no le ha hecho nada bien al peculiar presidente argentino, Alberto Fernández.

Se trata de uno en el que se advierte claramente como la excelente Canciller alemana, AngelaMerkel, en oportunidad de la última reunión del G-20, en Roma, se escabulle velozmente ante la mera posibilidad de ser “efusivamente saludada” por Alberto Fernández, mientras éste era, al propio tiempo, amablemente “alejado” de su lado con un suave empujoncito, por el hoy diplomático norteamericano, John Kerry, cuando tras darle la mano, Alberto Fernández insinuó su deseo de extender el contacto físico por algún momento más, con una suerte de inusual “medio abrazo”.

¿Qué pasó? Alberto Fernández, que evidentemente tiene bastante “poco mundo”, no advirtió que, en general, los anglosajones consideran que el espacio que está inmediatamente en derredor de su propio cuerpo les “pertenece” y, por lo tanto, debe ser respetado y no desaprensivamente “invadido” por terceros, aun cuando se trate de una rutinaria mecánica efusiva utilizada,a veces, para –por la razón que sea-“cargar de intensidad” a los saludos.

Estrechar las manos es casi siempre correcto, mantener ese tipo de saludo por un rato, en cambio, no necesariamente lo es.

Porque hacerlo supone emitir una suerte de “señal de intimidad” la que, obviamente, no necesariamente existe automáticamente, respecto de todos. Y que puede, por lo demás, no ser necesariamente compartida por el saludado.

Tocar a otra persona con reiteración (o por demasiado tiempo) puede, de pronto, generar entonces alguna molestia.Y hasta sorpresa,en quien recibe el “excesivo”saludo.

“Toquetear” es, con frecuencia, una suerte de innecesaria insistencia, o sea un manoseo que puede ir algo más allá de la simple cortesía. Aunque el gesto pueda ser tan sólo superficial. Casi automático. Y, más bien, mecánico. Aun así.

Por eso, uno debe tratar de ser siempre –al tiempo de saludar- lo más prudente posible. Eso, y no otra cosa, es “savoir faire” en el ámbito particular del “protocolo” diplomático.

En nuestra propia forma de hablar el castellano, “toquetear” al tiempo del saludo es, en alguna medida, lo que nosotros denominamos,gráficamente: “sobar”.

O, dicho de otra manera, incomodar al saludado -sin quererlo, necesariamente- con un inesperado exceso de “manoseo”.

De allí la foto aludida, que registra para la posteridad la muy rápida “fuga” de AngelaMerkel ante la mera posibilidad de ser, de pronto “saludada” por el siempre“efusivo” Alberto Fernández.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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