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Pana y facundia

Felipe González sale otra vez a la palestra y desfila bajo los focos provocando una considerable expectación.


Sinceramente, no creo que Felipe González haya sido el peor presidente de nuestra democracia aunque medie un abismo en las afinidades. “Otros vendrán que bueno te harán” dice uno de nuestros más populares refranes. Incluso, con cierta perspectiva histórica, se pueden apuntar maneras positivas de cómo se trataron algunos asuntos públicos bajo su batuta. No en la economía, pero es sabido que el paro y el déficit público son un marchamo indisociable de los gobiernos socialistas.
 
Felipe González ha vuelto ahora a escena como alto “reflexionador” europeo. Una actividad intelectual que parece interesante y cuya utilidad última no está sin embargo muy bien perfilada. Lo cierto es que con la excusa de Europa, González sale otra vez a la palestra y desfila bajo los focos provocando una considerable expectación.
 
Pana y facundia caracterizaron tradicionalmente la imagen del ex presidente y de ambas cosas ha hecho gala de nuevo. Lo de la pana no es por el frío, es un intencionado atuendo para marcar la diferencia con el corsé del traje y corbata burocráticos. Lo de la labia es una huella personal indeleble, un borbotón inagotable de expresiones. Así, además de hablar un poco de Europa, lo justito, Felipe González opina con soltura de todo lo demás. Del Estatuto de Cataluña, del futuro político de Zapatero, de los agobios de la Justicia, de la negociación con los terroristas, de cualquier tema que le pongan por delante.
 
Es inevitable hacer alguna comparación con Zapatero y lo es también concluir que, salvando las distancias, González parece mucho más sensato que su discípulo.

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