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El Papa Francisco santifica a los mártires católicos de Argelia de la década de los 90

Los católicos siguen sufriendo persecuciones en distintos rincones del mundo y muchos de sus religiosos y laicos están todavía expuestos al martirio, o sea a perder la vida en razón de su fe religiosa.



El Papa Francisco, mediante un decreto especial, reconoció el 27 de enero pasado, los martirios de un obispo y el de algunos sacerdotes, monjes y monjas católicos acaecidos en Argelia, a manos de militantes fanáticos pertenecientes a movimientos radicales islámicos, ocurridos entre 1994 y 1996 cuando una perversa guerra civil explotara en Argelia.
 
Entre las víctimas inocentes católicas que perdieran entonces sus vidas a la manera de los mártires están los monjes cistercienses que pertenecían a la Abadía de Nuestra Señora del Atlas de Tibehirine. Todos ellos fueron decapitados inhumanamente, en la que fuera una cobarde matanza colectiva. Una más, de las muchas perpetradas en Argelia en el transcurso de una guerra civil donde los delitos de lesa humanidad caracterizaron el accionar de algunos combatientes.
 
Al reconocimiento del martirio de los monjes cistercienses, se suma el de un hermano marista, una religiosa perteneciente a las Hermanas de la Asunción, y el de dos religiosos agustinos españoles, así como el de un sacerdote belga. Todos ellos fueron desgraciadamente asesinados por una sola razón: la de ser católicos.
 
Los siete monjes cistercienses que fueron decapitados habían sido previamente secuestrados en la Abadía a la que pertenecían. Allí empezó su cautiverio, que terminara con su martirio.
 
El llamado Grupo Islámico Armado se atribuyó, como si fuera un acto de heroísmo, la cobarde decapitación de los religiosos. A los martirios antes mencionados se sumó posteriormente el del obispo de Orán, Monseñor Pierre Claverie.
 
Dos décadas después de ocurridas las tragedias aludidas, la Iglesia Católica reconoce el martirio de esas víctimas, abriendo así el camino para su pronta beatificación.
 
Los católicos siguen sufriendo persecuciones en distintos rincones del mundo y muchos de sus religiosos y laicos están todavía expuestos al martirio, o sea a perder la vida en razón de su fe religiosa.
 
La intolerancia, es evidente, no ha desaparecido de la faz de la tierra y continúa motorizando el horror que supone asesinar a seres humanos invocando para ello –a modo de injustificable excusa- la fe religiosa que los alimenta espiritualmente. Por esto no cabe el silencio cuando se trata de recordar martirios como los referidos más arriba. 
 
 
Emilio J. Cárdenas.
Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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