Me parece muy bien encender todas las luces sobre el pluriempleo de nuestros más importantes representantes públicos
Ha sido una noticia muy destacada en los últimos días que el Parlamento haga públicas las actividades compatibles de sus ilustres miembros. A partir de ahora, los ciudadanos pueden consultar on line los cargos, puestos, oficios y prebendas que, además de la tarea fundamental que se deriva de su mandato, realizan y obtienen diputados y senadores. Para decirlo todo hay que recordar que esta es una información que los propios interesados han aportado por escrito a las Cámaras por acuerdo de estas y no el fruto de una investigación oficial y fisgona de vidas y haciendas.
Me parece muy bien encender todas las luces sobre el pluriempleo de nuestros más importantes representantes públicos. ¡Viva la transparencia democrática! Al margen de algunos casos de una prodigiosa ubicuidad laboral, creo que dar conferencias, escribir artículos o participar en tertulias, dedicaciones que muchos parlamentarios dicen tener, no puede ser algo extraordinario, sino una obligación fundamental, una labor obvia, una forma cotidiana, recurrente y convencional de manifestarse, de opinar, de explicar propuestas y fijar posiciones, de conectar con los votantes. Lo raro sería descubrir que los parlamentarios permanecen mudos, aislados del mundanal ruido, agazapados ante los ciudadanos, incomunicados y recluidos. También hay de estos, es verdad, pero lo normal es intervenir en los medios de comunicación y todo tipo de foros al alcance para saber en cada momento de que va la vaina.
Bienvenido el techo de cristal en el Parlamento, tan necesitado de corrientes de aire fresco e iluminación rutilante, pero no convirtamos lo imprescindible, lo imperativo, lo ineludible en una primicia, en un descubrimiento fabuloso
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