Se tira por elevación, negando la mayor, y así, cómodamente, se descalifica en su totalidad al adversario
Que Peces Barba mató a Manolete es tan cierto como que José María Aznar “estaba en contra de la Constitución de 1978”. Sin embargo, el distinguido Catedrático de Filosofía del Derecho, ex Rector de la Universidad Carlos III, ex Presidente del Congreso de los Diputados y padre de la Carta Magna, hombre de maneras frailunas, lo asegura sin despeinarse en un artículo publicado en “El País” el pasado miércoles. Y se queda tan pancho. No es una anécdota, no es un desvarío pasajero, ni una sandez baladí producto del calor. No lo sostiene un indocumentado, sin formación ni posibilidad de acceso a la realidad. No lo escribe alguien que pueda sucumbir mansamente a la reproducción involuntaria de una solemne patraña, que por un millón de veces que se repita será igualmente una patraña.
Esta historia es una de esas especies que se extienden en la opinión pública sin control y con la peor intención. Que se arrojan al aire de vez en cuando a falta de alguna sustancia en la crítica. La estrategia es pedestre, pero eficaz. Se tira por elevación, negando la mayor, y así, cómodamente, se descalifica en su totalidad al adversario. Que lo haga un avestruz iletrado, un zopenco fanático, un lerdo pelele, puede llegar a justificarse por la propia simpleza de esa personalidad. Que lo haga Peces Barba tiene mucho delito.
Sucede otro tanto, por ejemplo, con la presunta condena por manipulación informativa a Alfredo Urdaci en TVE que jamás, jamás, se produjo, pero que algunos voceros socialistas utilizan periódicamente cuando se ven apurados. Nadie les ha pedido nunca que lo demuestren (para lo que bastaría enseñar el fallo judicial), como Peces Barba tampoco avala con alguna prueba semejante afirmación. Eso es lo de menos cuando el trazo grueso sustituye a la precisión.
Peces Barba no debió nunca escribir lo que ha escrito de Aznar. Por respeto a sí mismo, por respeto a la verdad y a su función docente. Tiene este señor muchos motivos políticos y biográficos para demostrar algún rigor, serenidad y prudencia. Tiene un extenso campo para censurar a Aznar, si no encuentra resquicio alguno para hacer un reproche a Zapatero, sin necesidad de caer en una martingala tan burda. Hágase el favor la próxima vez, hombre.
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