al paso que va la burra nos eternizamos en el tajo o morimos con las botas puestas sin alcanzar el retiro.
Éramos pocos y parió Zapatero. De un plumazo nos encasqueta dos años más de trabajo para poder cobrar la pensión. Claro, el personal está que trina. Si hubiera elecciones generales hoy se iba a enterar el PSOE de lo que vale un peine. Es indignante. Encima tenemos que oír a los representantes del Gobierno, a los que la pensión les importa una higa, que “el sistema no corre peligro”, que goza “de una salud de hierro”. Ya, ya, al paso que va la burra nos eternizamos en el tajo o morimos con las botas puestas sin alcanzar el retiro.
Cada vez resulta más evidente que Zapatero es un peligro público nacional. Con un paro aterrador como el que soportamos en España y una inutilidad oficial diamantina para hacerle frente, sólo se le ocurre elevar la edad de jubilación a los 67 años. Los más pesimistas piensan además que no será la última subida. A la cosecha del 59, desde luego, nos ha sacudido en todos los morros.
Esta “genialidad” es un atropello que sólo cuenta con el aval sumiso y amansado de la dirección socialista. En la calle quieren correr a gorrazos al promotor de la iniciativa. No es para menos. En unos pocos años, Zapatero ha comprometido la solvencia de una Seguridad Social que sólo se sostiene en pie creando empleo y mimando la hucha, es decir, haciendo todo lo contrario de lo que sucede ahora.
Para colmo, la vicepresidenta económica, Elena Salgado, se atreve a decir que “los ciudadanos entienden la medida”. ¿En qué mundo viven nuestros gobernantes? Te dan un palo y encima quieren que parezca que lo estabas deseando. ¡A por ellos! antes de que sea demasiado tarde.
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