El crimen marítimo de la piratería no pertenece necesariamente al pasado. Sigue existiendo. No es tan sólo un tema para niños propio de los libros de Emilio Salgari.
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Martes, 21 de julio 2026

El crimen marítimo de la piratería no pertenece necesariamente al pasado. Sigue existiendo. No es tan sólo un tema para niños propio de los libros de Emilio Salgari.
Por ello, el 13 de junio pasado realizó una reunión bajo la llamada “Fórmula Arria”, en recuerdo de su creador el buen diplomático venezolano Diego Arria, hoy exiliado en los Estados Unidos. Esto es, al costado de sus reuniones habituales y en un recinto, en la propia sede de las Naciones Unidas, distinto al que para ellas normalmente se utiliza.
Cuatro panelistas invitados expusieron sobre la situación actual de la piratería en el mundo y analizaron sus múltiples consecuencias. A la mencionada reunión, convocada por el órgano que tiene la responsabilidad primaria de atender los temas que tiene que ver con la paz y seguridad del mundo, se plegaron varios representantes de distintas organizaciones de la sociedad civil, lo que ya no es inusual.
Ocurre que los mares del mundo son escenario habitual de crímenes de la más diversa naturaleza, incluyendo la piratería; el tráfico de armas, personas y drogas; las violaciones a las normas y reglamentaciones que regulan la pesca internacional y la doméstica; y el contrabando, en sus distintas versiones, de la más diversa naturaleza.
El objetivo perseguido fue el de difundir la realidad de la situación actual, llamando a la cooperación entre los Estados Miembros para erradicar la piratería, analizar las debilidades y falencias del esquema normativo actual y debatir las posibles soluciones disponibles o que deberían ser creadas, así como discutir cual debe ser el rol que cabe, en esto, al sector privado.
Hoy la piratería azota muy duramente, créase o no, a algunas regiones de las largas costas de África, en torno a países como: Somalía, Guinea, Costa de Marfil, Ghana, Gabón, y Etiopía. Todavía con intensidad.
Y tiene vinculaciones con el tráfico de personas en el Mar Mediterráneo, particularmente cuando de transportar contingentes de inmigrantes ilegales procedentes fundamentalmente de Medio Oriente y del norte de África que apuntan a vivir mejor en la Vieja Europa se trata.
También tiene que ver con el azote del narcotráfico en torno a las costas tanto de Haití, como de Panamá, en nuestra propia región, que tiene entonces su propio rincón marítimo peligroso.
La piratería, queda visto, sigue siendo un problema serio para la comunidad internacional toda, razón por la cual el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no le quita la vista de encima y trabaja activamente en procura de alcanzar el complejo objetivo de erradicarlo definitivamente. No es nada fácil.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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