Zapatero tiene un problema: que lo abuchea la gente
Lo de los pitidos a Zapatero se ha convertido en una vaina muy del estilo del Gobierno socialista; un quilombo peregrino sobre el que está cayendo todo el peso del disparate y la polémica.
Veamos, Zapatero tiene un problema: que lo abuchea la gente (da lo mismo una asamblea de delegados de UGT que un desfile de las Fuerzas Armadas). Hay como un virus extendido en la sociedad española que se empeña en pedirle a gritos que dimita. No le gusta nada. Solución: una norma que ¿prohíba? pitar y abuchear al Presidente.
El choteo de la prensa ante las primeras inclinaciones del Gobierno para que no se repita la desaprobación pública a Zapatero ha sido casi unánime.
Por su parte, las aportaciones del personal a esta cuestión tan trascendental han sido varias: que no vaya Zapatero al desfile es la más sencilla, económica y de mayor consenso, pero el Gobierno no la quiere considerar. Que TVE no retransmita la pitada ya se ha ensayado este año y no evita la negativa repercusión pública en los demás medios. Otra posibilidad es que no haya desfile y, así, el que evita la ocasión, evita el abucheo, pero tampoco parece que esto sea viable de momento.
Final de la historia: Zapatero monta un gran bochinche a cuenta de sus pitadas; el gobierno se columpia con la pretensión de establecer restricciones inadmisibles a la libertad de expresión y, por último, la Fiesta Nacional se pone en entredicho por los que aprovechan cualquier lío para rechazarla.
Ha sonado la flauta gracias al PNV y dicen que le quedan dos años todavía. Oiremos más pitadas. Esto se va a hacer eterno.
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