Ver a Rajoy en el atril de La Moncloa escenifica el recambio posible
Me preguntan si creo que la entrevista entre Rajoy y Zapatero ha servido para algo, y digo enseguida que sí, que por supuesto que ha sido útil y provechosa. Me replican a la misma velocidad con lo de que las cosas no han cambiado nada, que se mantienen las mismas y abismales diferencias políticas, que, salvo un par de apoyos, Rajoy ha reiterado sus mensajes sobre la crisis económica, ha vuelto a denunciar la pérdida de tiempo del Gobierno para tomar iniciativas que sean eficaces para luchar contra la crisis, ha machacado en el clavo de la alternativa al PSOE y ha insistido en la necesidad imperiosa de reducir el déficit público y combatir el paro como principales objetivos estratégicos para nuestro país en este momento.
Me dicen además que Zapatero ha vuelto a interpretarse a si mismo, que no ha generado ninguna confianza, que no ha rectificado ni un ápice su rumbo, que nada una vez más en las pamplinas, que ha logrado una foto con el líder de la oposición para transmitir la falsa apariencia de unos acuerdos y de un talante absolutamente ficticio. Me apostillan también que no ha habido avances y que el ruido supera a las nueces. Los escépticos consideran que la llamada de Zapatero a Rajoy ha sido una coartada de un gobierno agonizante y yo, precisamente, veo en esa imagen el interés más importante de la reunión.
Ver a Rajoy en el atril de La Moncloa escenifica el recambio posible. ¡Ya lo creo que ha sido útil la entrevista!
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