si Rubalcaba es el rostro de la recuperación económica yo me hago adventista del séptimo día
De verdad, no es por hacer malasangre sin motivo, pero si Rubalcaba es el rostro de la recuperación económica, de la creación de empleo, de los nuevos tiempos, de la ilusión y del socialismo eficaz contra la crisis yo me hago adventista del séptimo día al instante. No lo veo. No soy capaz de imaginar siquiera que alguien pueda creer, con el corazón en la mano y no de oficio, que con Rubalcaba las cosas irán un centímetro mejor que con Zapatero. ¿Cuál es el episodio prodigioso que me he perdido?
Entiendo muy bien que nos vendan la moto del Rubalcaba con rostro humano; dejar que los sufridos socialistas se acerquen a él y le llamen Alfredo a secas y esas cosas que tratan de humanizar a un personaje distante, frío, rugoso y adusto. Pero de ahí a operarse como por ensalmo un cambio que lo convierte en el genio de la lámpara que va a arreglarlo todo es un ejercicio de ingenuidad completamente imposible. Sólo como broma se puede admitir el pulpo como animal de compañía.
De Falcon en Falcon puede ir Rubalcaba haciendo bolos de sur a norte o de este a oeste del país, del hotel Renacimiento al desamparado pepino, de la poca gracia tras el Consejo de Ministros a los vapuleados compañeros de una y otra parte. Hay que despabilarse que pinta muy negro el panorama para su partido. Hasta ahí, de acuerdo. Es lo que toca. Salvar los muebles. Administrar la penosa herencia de Zapatero hasta la derrota final y después que vengan las secundarias a poner la cara en la larga travesía del desierto.
Te pueden engañar, despistar, fingir o alterar la imagen con una cara nueva, con un aspirante que goce del beneficio de la duda al menos, con alguien que no tenga menos futuro que los teléfonos de monedas y que no lleve impreso en todo el semblante, de una oreja a otra, el sello de caducidad por mal estado.
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