Comienza en Turquía la segunda semana de protestas en contra del gobierno islamista del primer ministro Erdoğan. El detonante ha sido el anuncio de la construcción de un centro comercial en Estambul, pero de fondo está el malestar de sectores laicos con lo que se considera la islamización progresiva del país.
El origen de las manifestaciones fue la decisión del gobierno de construir un centro comercial en un parque en Estambul. Sin embargo esto ha sido la gota que ha colmado el vaso, ya que en el fondo hay un malestar de los sectores laicos en lo que se considera una progresiva islamización del país y el autoritarismo del Primer Ministro.
Desde la pasada semana, la situación en las principales ciudades de Turquía se está volviendo insostenible por la creciente violencia entre las fuerzas del orden y la sociedad. Las revueltas, hasta el momento, han dado un resultado de 1.700 detenidos y centenares de heridos en 67 localidades del país. “Hay muchos heridos graves y no todos pueden ser atendidos. Los jóvenes escriben en sus brazos su grupo sanguíneo como precaución”, ha explicado Ilhan Cihaner, un diputado del Partido Republicano del Pueblo (CHP), en la oposición. “Vengo de un hospital donde está ingresado un joven al que solo mantienen con vida con las máquinas”, añadió el parlamentario.
“Esto es un movimiento popular, que no está coordinado por ningún partido u organización, y pido a la comunidad internacional que no se olviden de la juventud turca. La actitud del primer ministro está provocando más violencia”, denunció Cihaner. No solo el caos está en el centro de las ciudades, sino que en los barrios más alejados también los vecinos salen de forma esporádica a las calles para imposibilitar el paso a los coches, encender hogueras y llevar a cabo caceroladas para exigir la dimisión del gobierno.
Este domingo se celebró la retirada de la policía por miles de personas como si aquello se tratara de una victoria, aunque Erdogán ha afirmado que seguirá con los planes urbanísticos que tenía pensados, independientemente de las protestas que están aconteciendo estos últimos días. “No podemos quedarnos mirando cuando algunos agresores en la plaza de Taksim provocan al pueblo”, advirtió Erdogan en un discurso que distó mucho de la moderación y conciliación pedida por el presidente de Turquía, Abdullah Gül. “¿Quién pagará por los escaparates rotos? ¿Qué tiene que ver esto con la democracia y la lucha por los derechos?”, se preguntó Erdogán, al tiempo que aseguraba no llevar “la dictadura en la sangre” y se calificó de “servidor del pueblo”.
“No puedes hacer un centro comercial de nivel internacional en esta zona. No hay ningún proyecto concreto de centro comercial. Quizá podría ser un museo o un espacio arquitectónico que albergaría actividades diversas”, ha afirmado Erdogan, según recoge el diario turco ´Hürriyet´ en su edición digital. Sin embargo, sigue con la idea de demoler el Centro Cultural Atatürk y ha sugerido construir en su lugar un teatro de ópera y una mezquita. “Se va a construir una mezquita en Taksim“, ha añadido, al tiempo que ha argumentado que no necesita el permiso de la oposición ni de “unos pocos alborotadores” para continuar con estos proyectos.
La culpa es de Twitter, según Erdoğan
Para Erdogan, el culpable es una red social:
Twitter. Según él, este medio ha sido empleado por los manifestantes para convocar y coordinar las protestas, lo que supone un “problema”. “Hay un problema que se llama Twitter.
Allí se difunden mentiras absolutas”, dijo el Primer Minsitro. “Esa cosa que llaman redes sociales no es más que una fuente de problemas para la sociedad actual”. Él no confía en las redes sociales como un indicador fiable de lo que opina la sociedad. Para él, las
urnas son el instrumento legítimo con el que cuentan los ciudadanos.
Continúan las manifestaciones
67 localidades del país se han visto afectadas en los últimos días por las protestas de los turcos. En Ankara, la capital, varios miles de personas se han manifestado de nuevo esta pasada noche en una zona residencial de la ciudad. Antes, la policía les había dispersado con gases y agua de la céntrica plaza de la ciudad. En Estambul, las fuerzas de seguridad han dispersado también a los manifestantes delante de una oficina del Primer Ministro.
El balance global desde el inicio de las protestas es de centenares de heridos y más de 1.700 detenidos. Se trata de las movilizaciones más importantes desde la llegada al gobierno en 2002 de los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo. Las protestas suceden mientras Estambul compite para ser la sede de las Olimpiadas de 2020.
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