“…Un cambio de partido gobernante en Brasil supone criterios de política exterior que pueden resultar distintos de los que prevalecieron durante la gestión de “Lula…”
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Martes, 21 de julio 2026
“…Un cambio de partido gobernante en Brasil supone criterios de política exterior que pueden resultar distintos de los que prevalecieron durante la gestión de “Lula…”
A diferencia de lo que, en cambio, sucede con Cristina Fernández de Kirchner, que luego del estrepitoso fracaso en las elecciones intermedias del 28 de junio pasado, aparece cada vez más repudiada por la opinión pública argentina. Para lo que, desde la soberbia y el error, ha hecho méritos.
Las encuestas sugieren que el año próximo el oficialismo brasileño (PT) perderá las elecciones presidenciales. Pero queda aún camino por recorrer. Y las cosas cambiar.
En efecto, José Serra, el candidato de la oposición (Partido de la Social Democracia Brasileña o PSDB) las lidera con un margen realmente amplio sobre Dilma Russeff, la candidata del PT, cuya intención de voto cayera aún más hace algunas semanas cuando Marina Silva, la popular ex Ministro de Medio Ambiente de “Lula”, anunciara su propia candidatura presidencial, por el “Partido Verde”, abandonando así al PT y a la poco atractiva Dilma Rousseff, una militante izquierdista y ex guerrillera, convertida con el tiempo en aburrida burócrata. Serra (que fuera derrotado por “Lula” en la segunda vuelta presidencial, en el 2002) tiene a su favor un claro 39,5% de intención de voto. Rousseff, en cambio, apenas un 19%, lo que luce como situación casi “ilevantable”.
Si Brasil cambia de partido gobernante, como parece probable, su política exterior será diferente. Menos obsesionada con la “competencia” de Venezuela por el liderazgo regional. Con no “quedar mal” con él. Será más cercana a la visión de Barack Obama, presumiblemente. Aunque con las tonalidades propias de un país conciente de su propio destino y posibilidades, así como del crecimiento de su influencia relativa en el escenario internacional. Pero también mucho menos proclive a acompañar a los “bolivarianos” en su particular visión de la marcha y prioridades en la región.
El propio ex Presidente Fernando Enrique Cardoso acaba de afirmar, en Washington, que Brasil debe reconocer los resultados de los recientes comicios en Honduras. Ello es todo lo contrario a la inexplicable dureza que “Lula” parece haber adoptado en la cuestión, insistiendo quiméricamente en “reinstalar” al cada vez más desprestigiado Presidente “Mel” Zelaya, luego de haber sido el propio “Lula” desairado por el duro pero exitoso Presidente provisional (aunque “de jure”) de Honduras, Roberto Micheletti, varias veces.
Algo parecido puede ocurrir seguramente con la perturbadora presencia venezolana en el seno del MERCOSUR, que el Senado brasileño acaba de aprobar respecto de la cual el PSDB se ha opuesto insistentemente, por entender (con razón) que ella viola la “cláusula democrática básica” que subyace a la organización regional. Con dureza.
Es obvio que Venezuela no es ya una democracia. Ni nada parecido, siquiera. Si ella finalmente se concretara (Paraguay difícilmente la ratifique en el corto plazo, pese a que el Congreso de Brasil lo haya hecho), la relación sería seguramente mucho más fría. Menos apasionada.
Un cambio de partido gobernante en Brasil supone, queda visto, criterios de política exterior que, por sus matices, pueden resultar distintos de los que prevalecieron durante la gestión de “Lula”, un político de corte populista, proclive a contemporizar con la izquierda radical regional, en todo lo posible.
Emilio Cárdenas, ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.
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